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Esta mulata con ojos de gato era capaz de vender “un número” al más renuente de los jugadores. Se mostraba provocadora y desenfadada con una sensualidad que se revelaba en la multiplicación sobrenatural de todo lo que ella tocaba. En el patio de su casa, las yeguas parían trillizos, las gallinas ponían varias veces en un día, y los cerdos engordaban más allá de lo usual. Y esa abundancia enganchaba a los jugadores que deseaban tener la misma suerte. También deseaban tener el cuerpo de Petra Cotes.
Petra Cotes atrapó en su red a dos hermanos gemelos ( José Arcadio y Aureliano Segundo). Los tuvo en su cama hasta que, finalmente, se quedó con Aureliano Segundo. Este afortunado no tuvo reparos en tomar a Petra como su amante, y luego como su concubina. Junto a la rifadora, la prosperidad llenaba los criaderos y potreros de Aureliano. De parranda en parranda, festejaba la benevolencia natural que multiplicaba sus animales. En esa época, de abundancia llegó a tener tanto dinero que tapizó las paredes con billetes. Su esposa se conformaba con hacer los respectivos reclamos, y achacar a la amante toda clase de actos inmorales e ilegales. En un arranque de celos, ella lo bota de la casa, y él se va con todos sus animales a la casa de su concubina. Cuando Aureliano Segundo y Petra Cotes hacían el amor estaban seguros de que fortalecían la fecundidad en sus corrales.
Por desgracia, comenzó el diluvio. La suerte de Petra Cotes se dejó arrastrar por las corrientes de aguas que entraban y salían del pueblo. Durante cinco años, llovió sin parar y la ruina alcanzó a cada uno de los habitantes. Entonces, la vendedora de rifas sacó a flote a su amante. Rifaba hasta lo que nadie se quería ganar para reunir el dinero que después su marido entregaba a la rival.
Al final, la rifadora se quedó con el mejor premio de su vida. Ella estuvo con Aureliano Segundo cuando de viejo su existencia acabó.
Pero… no sabemos si en realidad era Aureliano Segundo el hombre a quien Petra Cotes amó. Siempre existió la sospecha de que al nacer los gemelos fueron intercambiados. Tal vez, Aureliano Segundo era en realidad José Arcadio Segundo. Tal vez, Petra Cotes vivió su historia de amor con el gemelo equivocado.
Una historia que solo podía ocurrir en el Macondo de “Cien años de soledad”.