Cada día llegaba a casa y disfrutaba mi soledad una taza de café espumosa y una torta de chocolate húmeda era la mejor compañía para comenzar a contarle a mi diario la historia de mi día a día.
“Querido diario sabes que a veces me niego a estos pensamientos mi mente es muy perversa, me gusta mucho el sexo.
Escucho a mi vecino en el apartamento de al lado y lo deseo,
lo deseo tanto, solo su voz hace humedecer mi vagina, disfruto al imaginar
sentir sus manos tocar mis labios, el cuello, tomando mis senos, siento como se eriza mi piel y siento nervios en mi estomago y esa sensación
sigue bajando al igual que sus manos jugueteando con sus dedos,
abro mis piernas lentamente entregándome al place total
que él me produce, le pido al oído que me haga suya pero me inclino
ante él y bajo sus pantalones acercando mi boca y lengua hasta su pene, lamiendo suavemente lo afinco hasta mi interior soltando un gemido ahogado, me toma por el cabello suavemente y me levanta, poniéndome de espalda, levanta mi dormilona , fuimos solo uno, yo le pedía que me llenara de el y que me diera mucho más."
Querido diario , aquí yace una fantasía más de un día cualquiera.
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