Apenas un beso y flash, la foto se convirtió en un truco, en un amuleto, en una costumbre, en un buenos días cronometrado, en una salida de emergencia...
Es que no hay ciencia exacta que corrija o medique al amor. Que equivocados están aquellos que nos juzgan sin conocerse a sí mismos, que tienen una falsa idea en su cabeza de traluz, pues no todo depende de lo que dependemos, del materialismo en exceso, del ron con bostezo, del autoconsumo del humo.
También existe el cargamento de lo que sentimos, que equivale a millones de ceros que se quedan depositados en el periodo de guerra y paz, ese que no ves pasar, que se va rápido porque se disfruta más, que de tener almas de chocolate, - a pesar de estar distantes-, se derriten en la ducha imaginando estar en el sofá.