En granos

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Funciona como un reloj de arena, el sobrepensar.

Cada grano es un pensamiento:
una idea, un recuerdo, una conjetura.

Caen sin pausa.
Se deslizan, uno tras otro,
por la estrecha boquilla del presente.

El tiempo se espesa.
La mente se llena.

Y no se ve la mano
que, con gesto indiferente,
le da la vuelta para empezar de nuevo.

Es invisible.
Silencioso.
Imposible de señalar.

Si fueran piedritas livianas,
si solo hicieran ruido al caer,
hasta tendría algo de juego.

Pero no.

Cada grano pesa.

Trae emoción,
trae memoria,
trae preguntas que se multiplican
y respuestas que no alcanzan.

Promesas que no sostienen.
Dudas que no terminan.
Contradicciones que se enredan.

Es un reloj de arena indestructible.

No se rompe.
No se detiene.

Se puede volcar,
sacudir,
ignorar…

Y aun así, continúa.

Cuando parece que ya es demasiado,
Cuando el aire escasea,
Vuelve a empezar.

Sin aviso.

Sin permiso.

No se detiene.

Pero hay algo que sí cambia.

La posición.

Se puede quedar dentro,
dejando que la arena cubra,
que pese,
que arrastre.

O se puede salir.

Observarla caer.
Como una cascada que no necesita ser detenida.

Porque no se apaga.
Ni se detiene.

Pero sí puede hacerse pequeña.

Tan pequeña
como para caber
en la palma de una mano.

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En granos | Ecency