Me llevó un tiempo darme cuenta de lo que había pasado. Intentaba correr pero las fuerzas se me estaban agotando, con todo y eso logré ponerme a salvo. Miraba a todos lados, asegurándome de que no me perseguían. Pero ya no podía moverme. Entonces fue cuando me di cuenta.
Sentía un punzón en mi costado derecho, y cuando me detuve, vi mi camisa empapada. La sangre borbotaba. Entré en desesperación e intenté gritar, pedí auxilio pero al parecer nadie escuchaba. Todos corrían, huyendo de lo que había pasado. A lo lejos se escuchaban las detonaciones. Yo podía oírlas como si fuera un susurro. También oía el llanto de las personas y los gritos. Quise levantarme pero no pude.
Recuerdo que alguien se me quedó mirando. Creo que escuché una voz que decía “¡este es uno de ellos! ¡Este es uno de ellos!” Y me levantaron. Sentí que alguien me tomaba de los brazos y me alzaba. Después de eso, perdí el conocimiento.
Cuando desperté estaba en un cuarto oscuro junto con otras personas. Alguien dijo que ya había despertado, y varias se me acercaron. Me palparon la herida y gemí. “Haga silencio porque si grita lo vienen a buscar y la cosa será peor”. Estaba sudando y estaba todo empapado. Quería saber dónde estaba pero ya lo intuía.
Después de la marcha vino la guerra. Los del otro lado disparaban mientras nosotros corríamos. Entonces fue cuando sentí que algo me había traspasado y me tumbó. Tuve suerte de que no me golpearan, pero una voz, al parecer de una persona mayor, dijo que era un milagro de que no estuviera muerto.
Yo me quedé dormido, el dolor era punzante y me despertaba de a ratos. Sentía que alucinaba. La hemorragia se había detenido, y para detenerla habían puesto una venda enrollada allí. Necesitaba un médico con urgencia, pero sabía que no lo conseguiría. Sabía que no saldría vivo y que probablemente desaparecería.
No sé cuánto tiempo pasó desde que perdí el conocimiento, pero cuando desperté estaba atado a una cama de hospital. Ya ve, acá uno va detenido por ser herido.
Se me acusa de terrorismo, cuando la verdad estuve con unos amigos en una marcha y fueron ellos los que dispararon. Pero a ellos no les importa. Casi muero, ¿sabe? Si no fuera porque mi familia se movió y alguien les dijo dónde estaba. Si no fuera por los médicos que hicieron todo lo posible... pero ahora soy culpable de algo que no cometí, cuando el que me disparó sigue libre, asesinando a más inocentes en nombre de su patria.