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En está semana he observado como en las familias y la sociedad se nos ha exigido ser super mujeres que podamos hacer todo en todo momento, llevando una casa, una profesión y cumplir con las obligaciones familiares.
Sin embargo, ser una super mujer es una peligro para nosotras misma, ya que cumpliendo con tantas sobre exigencias, ya sean reales o creadas, nos olvidamos que somos ser sintientes, que tenemos emociones y sentimientos, al igual que otro ser viviente necesitamos descanso y un tiempo de pausa.
Las super mujeres con las cuales he compartido se creen que todo lo pueden en todo momento, no piden ayuda y no aceptan ser ayudadas, sería una muestra de debilidad aceptarla y eso jamás, primero muerta que bañadas en sangre, mostrarse vulnerables es admitir que han fracasado.
Cuando en realidad, aceptar la vulnerabilidad es permitirse sentir, observar la emoción que nos aflige, sin censurarla, sin juzgarla, dejarla estar cuando aparece, así no más. Permitir que otros se hagan cargo cuando ya no podemos continuar, de pedir y aceptar ayuda porque en realidad no lo podemos todo en todo momento, necesitamos momentos de pausa, de estar con nosotros mismos a solas para poder continuar.
Claro está también se lo que es ser una super mujer porque en muchas ocasiones he estado ahí, lo diferente es que ahora lo veo y me permito elegir que rol quiero ser en esos momentos, creerme que puedo con todo o simplemente ver que solo soy un ser experimentando lo humano.