Hablaba hoy con un amigo. Me contó que escuchó a alguien soltar el discurso de siempre: "Trump esto, EEUU lo otro, qué país de locos". Y yo asentía cuando me lo contaba. Como llevamos haciendo los españoles desde que inventaron las tertulias.
Y de repente me paré.
Pero no me paré físicamente, que conste. Seguí con la cerveza en la mano. Me paré mentalmente. Como cuando llevas 5 minutos en la ducha y de repente te das cuenta de que estás en la ducha.
¿Desde cuándo miramos tanto hacia fuera para no tener que mirarnos a nosotros mismos?
España es un país donde la gente flipa con el sistema sanitario de EEUU y luego va a su ambulatorio y espera 3 meses para que un médico le mire un lunar. Y no pasa nada. Es normal. Es España, tío.
Flipamos con los recortes de derechos en según qué estados americanos, mientras aquí dejamos que nos vendan la ultraderecha envuelta en celofán de modernidad y media España dice "bueno, pero...". Y la ultraizquierda no se queda atrás: el mismo que critica el capitalismo global desde su Xiaomi y luego defiende regímenes que prohibirían su propio puto podcast.
Pero sabes qué? Izquierda y derecha es la misma mierda. No porque los programas sean iguales —que no lo son—, sino porque falla lo mismo siempre: la persona. Da igual que votes a un lado o al otro, al final el problema es el mismo ser humano que llega al poder y se olvida de quién lo puso ahí. El político de izquierdas que predica igualdad y vive en un chalet con cocina de diseño. El de derechas que habla de libertad y te regula hasta el puto cigarro. Todos igual de hipócritas, todos igual de lejos de la puta calle.
El problema no es el partido. El problema es que la gente se cree su propia película en cuanto tienen un cargo. Y los que votan, en lugar de exigir, aplauden. Porque es más fácil sentirse parte de un equipo que pensar críticamente. "Los míos" contra "los otros". Como el fútbol, pero con consecuencias reales.
Mientras nos quejamos del precio de la luz desde un iPhone de 1200€ pagado a 36 meses sin intereses.
Criticamos a los que critican el cambio climático desde su RAM 2500 diésel, y nosotros nos vamos en el coche a hacer 300 metros hasta el gimnasio para hacer bici estática. Y lo peor: nos sentimos mejor porque lo reconocemos. Como si la autoconciencia fuera lo mismo que la acción.
No es que no nos importe. Es que es más cómodo indignarse desde fuera.
Es más fácil indignarse por la reforma judicial de Polonia que por la lista de espera de tu comunidad autónoma. Porque lo de Polonia no te toca los cojones. Lo de tu comunidad te obligaría a hacer algo. A ir a una manifestación. A escribir a tu diputado. A dejar de quejarte y solucionarlo.
Y yo, mientras escribo esto desde la tumbona del club fluvial, con el móvil en la mano y una cocacola zero sudando en la mesa, soy el ejemplo perfecto de todo lo que estoy criticando.
No voy a cambiar nada. Ni este post va a hacer que nadie se movilice. Mañana seguirán las tertulias hablando de Trump, y las listas de espera seguirán donde estaban, y yo seguiré aquí, escribiendo sobre lo mal que está todo desde un puto chiringuito.
Pero oye, al menos soy consciente.
¿O eso lo hace peor?
🌐 Read in English: @depressed-dev/judging-from-the-lounge-chair
⚠️ Image generated with AI. English translation by AI.
Nota obligada: Por si acaso, dejarlo claro. Este post critica la hipocresia de senalar con el dedo a otros mientras miramos para otro lado en casa. NO justifica guerras, asesinatos, genocidios, dictaduras ni ninguna atrocidad de ningun bando. Eso nunca esta justificado. Si alguien lo malinterpreta, que se mire al espejo antes de asumir.
Imagen generada con IA.
Imagen generada con IA. Traduccion al ingles por IA.