Esta historia comienza en mi infancia, durante la transición entre la niñez y la adolescencia. Recuerdo con emoción el día en que le pedí a mi papá mi primera tabla de skate. Fue un momento increíble, un sueño hecho realidad. Sin embargo, había un pequeño gran detalle: en el lugar donde vivo, yo era el único niño intentando hacer un ollie.
La escena era extraña para muchos, pero pronto dejaron de mirarme raro, porque se unieron a mí dos grandes amigos: Leo y Anthony. Éramos tres “especímenes raros”, tres chicos desafiando la monotonía, practicando un deporte que nadie entendía. No teníamos un espacio adecuado, y con frecuencia recibíamos regaños y malos comentarios. Qué ironía: solo éramos unos niños explorando un deporte alternativo para mentes demasiado cuadradas.
El verdadero comienzo de nuestra comunidad nació cuando le regalé un skate a mi hermano menor. Al igual que me ocurrió a mí, pronto su grupo de amigos comenzó a reunirse para patinar. Pero entonces, ya siendo joven adulto, me di cuenta de algo importante: la historia se estaba repitiendo. Otro grupo de niños estaba creciendo sin un lugar digno para practicar.
Así que decidí actuar. Hablé con mis viejos amigos y entre todos empezamos a formar lo que no sé bien cómo llamar: ¿una organización?, ¿un grupo de apoyo?, ¿una pequeña resistencia urbana? Sea como sea, desde ese momento comenzó nuestra verdadera travesía.
Fuimos comprando materiales poco a poco: tubos para rieles, planchas de madera contrachapada para construir módulos, kickers, cajones… todo con el objetivo de crear un espacio donde pudieran aprender y sacarse unos trucazos.
Hoy, creo que estamos cerca de completar ese sueño. Nuestra última adquisición fue una rampa en U, enorme, impresionante. Y aunque aún no lo sé con certeza, tengo la sensación de que este es apenas el principio de algo mucho más grande.
atte
cosmo en mi cavidad de skater/participadorsocial
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