Recordé que tú siempre estabas ahí, junto a mí; incluso cuando lograba estabilizar mis pasos y cuando daba un paso en falso tú me sostenías y nunca permitiste que me cayera.
Luego crecí, y cuando era una adolescente era muy rebelde contigo; pero lo que no sabías era que mi rebeldía tenía una explicación y era que sentía que tú a mí no me querías.
Pero, luego madure y cuando me enferme pude lograr comprender que tu actitud para conmigo era porque tú te reflejabas en mí.
Teníamos algo en común madrecita de mi corazón roto y eso hacia que sintieras un leve rechazo por mí; hasta el punto que te molestaba mi forma de ser y mi manera de tratar a los demás.
Pero, cuando logre comprenderlo ahí te empecé a querer realmente como una hija ama a su madre y logré sentir tu verdadero amor de madre donde siempre estabas al pendiente de mí.
Y te me fuiste sin poder despedirme de ti; tú muerte me tomo por sorpresa y solo anhelo volverte a ver para abrazarte, besarte y decirte al oído cuánto te extrañe y que mi vida no fue la misma desde aquel día que te perdí.