Aún te necesito, mamá

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Hay momentos en la vida en los que una descubre que, aunque haya crecido, aunque tenga su propio hogar y aunque ahora sea mamá, sigue siendo aquella niña que busca a su madre cuando tiene miedo.

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Hoy tengo un bebé pequeño. Un bebé que depende de mí, que necesita mis brazos, mi voz, mis cuidados y mi amor. Y cuando se enferma, quisiera poder tener todas las respuestas, saber exactamente qué hacer y encontrar la manera de quitarle cualquier malestar.

Pero entonces aparece ese sentimiento tan difícil de explicar…

Te necesito, mamá.

Te necesito aunque ahora yo sea la mamá.

Cuando mi bebé tiene fiebre, cuando no se siente bien, cuando llora y no sé cómo aliviarlo, mi corazón se llena de preocupación. Intento mantenerme fuerte porque sé que mi pequeño me necesita tranquila, pero por dentro quisiera volver a sentir esa seguridad que alguna vez encontré en tus brazos.

Quisiera escuchar tu voz diciéndome:

"Tranquila, hija. Todo va a estar bien."

Y quizá esa es una de las cosas más hermosas de ser madre: entender, finalmente, cuánto nos ha amado nuestra propia mamá.

Ahora comprendo esas noches en las que probablemente tú también te quedabas despierta cuando yo estaba enferma. Ahora entiendo tus preocupaciones, tus miedos y esa necesidad de protegerme de todo lo malo.

Ser mamá me ha hecho mirarte de una manera diferente.

Porque ahora sé lo que significa amar a alguien con todo el corazón.

Y cuando veo a mi pequeño enfermo, entiendo que ese amor también trae miedo. Un miedo que no siempre se puede explicar.

A veces quisiera tenerte cerca para preguntarte tantas cosas.

¿Qué hago?

¿Esto es normal?

¿Estoy haciéndolo bien?

¿Tú también sentías este miedo cuando yo era pequeña?

Pero sobre todo quisiera simplemente abrazarte.

Porque hay una parte de mí que nunca deja de ser tu hija.

Puedo tener un bebé en mis brazos, pero cuando la vida se pone difícil, todavía quiero refugiarme en los brazos de mi mamá.

Y eso no me hace débil.

Me hace humana.

Quizás algún día mi hijo también crecerá, tendrá sus propios hijos y entenderá que, aunque sea adulto, siempre habrá momentos en los que necesitará a mamá.

Y entonces comprenderé que este amor es un círculo que nunca termina.

Hoy solo quiero decirte:

Mamá, aunque ya tenga un bebé, aunque ahora sea yo quien cuida, protege y consuela… todavía te necesito.

Te necesito en mis días buenos, pero especialmente en los días en los que tengo miedo.

Porque una madre puede crecer, puede convertirse en adulta y puede tener hijos…

pero nunca deja de ser hija.

Y en el fondo del corazón, siempre habrá un lugar que diga:

“Mamá, ven… todavía te necesito.”

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