Un dolor y un vacío en mi corazón

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Hoy el alma me duele en lo más profundo, pero el corazón se me llena de gratitud al despedirte, papi.
​Te fuiste de este plano, mi viejo cascarrabias, mi abuelo de sangre, pero el hombre que asumió sin dudar el papel de ser mi verdadero padre. Cuando la vida me dejó un vacío desde muy pequeña, tú estuviste ahí para llenarlo absolutamente todo. Estuviste en cada uno de mis cumpleaños, en cada capricho, en cada paso importante.
​Literalmente construiste mi mundo. Construiste mi casa, levantaste mi cuarto ladrillo a ladrillo, cuidando cada detalle solo para verme feliz y a mi gusto. Nadie como tú para regañar a todo el mundo con esa sonrisa de fondo, renegando pero con el corazón más noble del mundo.
​Voy a extrañar todo de ti: el olor entrañable a tabaco que te precedía, la imagen de verte una y otra vez remendando aquella bicicleta vieja que nunca te dejaba botado, llevarte tu cafecito caliente a cualquier hora y hasta ese ratito tan nuestro en el que te cortaba las uñas mientras discutías un poco, como de costumbre.
​Gracias por regalarme los recuerdos más hermosos de mi vida. Gracias por no faltar jamás. Estuviste a mi lado caminando hacia el altar el día de mi boda, orgulloso y firme; e incluso cuando la salud ya te fallaba, sacaste fuerzas de donde no tenías para ir a verme al hospital el día que me tocó a mí dar vida.
​Me quedo con el eco de tu voz diciéndome cariñosamente "gorda", con tus abrazos de verdadero padre y con la certeza de que todo lo que soy hoy lleva tu marca, tu esfuerzo y tu amor incondicional.
​Descansa en paz, mi viejo hermoso. Tu "gorda" te va a amar y a recordar cada día de su vida. Misión cumplida, papi. Vuela alto.

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