Conflicto, ésa es la palabra clave para comprender mi mente en este post. Desde prácticamente toda mi vida, me he tenido quw debatir entre lo que he sido, y sigo siendo, y lo que se supone que debí ser y resultó ser... No intento confundirlos. Sólo les doy un poquito de contexto acerca de mi relación personal y, francamente decepcionante, con mi madre... Particularmente, ella no es el demonio en persona pero sí que ha sido la causa de muchos de mis conflictos humanos (traumas) y muchas de mis inseguridades e iras, también guardan relación con ella y nuestra "relación"...
Madre e hija. En principio, no hay nada de malo en estas dos palabras. De hecho, me gustaría haber crecido en un ambiente de esos que se pueden ver en las revistas de los cristianos qw tocan a mi puerta un domingo a las 7 de la mañana en mi único día libre de la semana... Ya saben, donde todo y todos lucen felices, fantásticos y animados. En mi caso, las únicas veces que vi a mi madre sonreír genuinamente fue cuando mi hermano (mayor que yo) estaba en casa y hablaba 5 minutos con ella de lo que sea. Es difícil tener que admitirte qué siempre tendrás que partir con desventajas hacia tu propia madre.
No sé cómo será en donde sea que ustedes hayan crecido (y no lo digo de forma irrespetuosa, por favor no piensen mal) pero en mi vida, siempre me tocó luchar contra el rostro decepcionado de mi madre. Si me dolía la cabeza, "mentía", si decía que no podía ver bien en el salón de clases, "exageraba", si sentía miedo cuando durante una tormenta se cortaba la electricidad, y necesitaba seguridad y un abrazo, terminaba ignorada y con un breve gesto (tan frío, como la tormenta misma) como "recompensa".
Me gustaría haber sabido lo que se sentía tener una cómplice a tu lado. Una mujer justa pero bondadosa. A mí no me toco una enferma o una persona detestable y violenta pero sí alguien emocionalmente distante en todo sentido hacia mi. Décadas me tomo entender el concepto de abandono de mi madre, y dejar de buscar (obsesivamente) su aprobación (o la de los demás)...Crecí sin confianza en mí misma, y con un gran problema social. Prácticamente, en mi casa, el mundo entero era una especie de jauría de psicópatas agazapados para devorarme, y por tanto no me atreví a ser yo, la que siempre he sido, pero que no elegí seguir...
¿Moraleja? Ninguna. Yo sé que cometeré infinitos errores al criar a mi hija. No existe la fórmula para ser un padre exitoso y bueno e todo sentido, lo sé; pero jamás seré como ella (mi madre) fue conmigo. Quizá por eso, mi relación con mi hija es tan cercana. Y prácticamente me gusta ser esa persona que la abraza y la besa solo porque me da la gana. Ya saben lo que dicen, solemos proyectar lo que anhelamos y no obtuvimos. Es el paso más cercano a la catarsis. A la sanación. Y este breve historia entre una madre y una hija, es también, el recordatorio de que las mujeres pueden marcar las vidas de otras mujeres de formas inimaginables. No hay final feliz, solo hay un por ahora...