Danza sensual
Las aguas tibias acarician a Cleopatra mientras avanza, desnuda, hacia el centro del río.
El sol poniente tiñe su piel de ámbar, pero esta vez no hay súbditos que admiren el espectáculo. Solo una presencia la espera: Oshun, erguida sobre las aguas como si el río le ofreciera su superficie como un lecho de pétalos.
Sus caderas trazan círculos lentos, haciendo vibrar el aire con el tintineo de sus pulseras de oro. Cada movimiento era una provocación. El arco de su espalda, el destello húmedo de sus labios, la seda amarilla transparente pegada a su cuerpo.
-¿Vienes a robarle adoradores al Nilo?. Este es mi reino-. La voz de Cleopatra cortó el aire.
Oshun responde con una risa que hizo temblar las aguas. Sus dedos dibujan un remolino en la superficie. La corriente rodea a Cleopatra en un abrazo líquido que subió por sus piernas. La reina contuvo un gemido. El río la acaricia con la misma pericia con que Oshun desliza sus manos por su propio cuerpo.
-Los ríos no tienen dueños, solo amantes. Murmuró Oshun mientras una gota resbala de su clavícula hasta su pezón.
Se acerca hasta que sus respiraciones se mezclan. El perfume a miel de Oshun se enreda con el aroma a mirra de Cleopatra. Por primera vez, la reina siente que no domina.
☆ Un regalo de cumpleaños para @marabuzal.
Gracias por visitar mi blog. Soy crítica de arte, investigadora social y amante de la cocina. Te invito a conocer más de mí, de mi país y de mis letras. Texto de mi autoría, imagen realizada en ChatGpt.