Calenturienta así me siento estos días, atrapada entre mis sueños calientes y sin poder pegar los ojos en la cama. Mi mente vuela y no descansa, mi corazón se acelera, es la fiebre que me delata los días y las noches se mezclan.
Tiempo sin sentirme así de ardiente, calentada de adentro hacia afuera. Ellos vienen de mi, están instalados creyendo que van a superarme. Sé que será difícil, tendré que luchar por su pronta salida, tal vez requiera ayuda extra.
Goteo incesante que no cae, lo atrapa lo que protege a otros de mi calor inhumano. Sola y tumbada en el cobijo de mi cama, ni la sopa caliente calma mi alma.
Tal vez pueda llenar de palabras los molestos momentos que pronto pasaran, los dejaré atrás mientras revierto y espanto el virus talento, que ha osado entrar en mi.
Nadie habla de ello, todos quieren pasarlo rápido. Negamos su presencia a otros, para no asustarlos.
No quiero detenerme solamente por este calor inhumano.
Sobrepasa mis quehaceres, me agota el solo caminar de la cama al baño y viceversa. Ya mis costillas me duelen, ante el ánimo de expulsar el invasor en mis pulmones.
Me ha pegado fuerte, lo esquive por años con vacunas y mucho alcohol en las manos.
Ahora solo me queda sudar este calor inhumano.