El estallido
Adolezco de sensibilidad para la risa; payasos, chistes, cosquillas, caídas absurdas, absolutamente nada mueve mis labios para sonreír. Mi espíritu, según, nació enfermo de alegría y ni la ciencia descubrió por qué mi alma no vislumbra ningún atisbo de felicidad.
Con las terapias y las órdenes nació mi animadversión por quienes pretendían hacerme reír sin ponerle pólvora a sus ocurrencias o palabras porque la idea es que el cerebro explote de endorfina para que el corazón estalle en cascadas de sonoridades de risas.
Mi infancia ya no importa. Ahora estoy frente al pelotón, seré fusilado; me acusan de traición porque no pude reírme de los prisioneros; me degradan perdonándolos y obligándome a ocupar el paredón.
El capitán espera mi clemencia; antes me río en su cara, le estallo en una carcajada, pletórica; pero no puedo porque no sé reír. Moriré sin vislumbrar ningún atisbo de felicidad.
Al fin llega mi hora. Los soldados me miran por el ojo de los rifles, hacen un sólo ojo, harán un sólo movimiento ante el gatillo cuando el capitán dé la orden. Miro a los prisioneros y una sensación extraña se retuerce por el espinazo de mi alma, rompe la monotonía de mi seriedad, el corazón me excita, tiemblo internamente, la endorfina me quema los labios; estoy listo para mi primer estallido de risa, puedo salvarme, volver a casa, pero… sería gracias a los prisioneros… luego… los matarían.
El capitán parpadea mi euforia, cosquillea en su triunfo, piensa que caeré como escupitajos sobre el enemigo; quiere verlos humillados, los mira y ese descuido es suficiente; volteo hacia el pelotón y como a un huracán desproporcionado abro el estallido de mi risa, la pólvora de mi carcajada arrasa el espacio y exploto feliz, llevándomelos, dejando en los esclavos mi primer atisbo de felicidad.
Esta es mi participación en el Extraño Concurso No 32. Invasión
Imagen, propiedad de @saulos
Es muy fácil participar, aquí las BASES