No tengo riesgo, no me adhiero a los efectos de esas miradas, a mis orígenes ni a lo clemente que soy en mi propio camino. Soy simple, normal, un defectuoso caminante errante con ideas en su cabeza, sin sueños de cuales impulsarse.
¿Ambición?
Solo me he sentado bebiendo un trago mientras reposo de mis propios espantos. No me he animado a gobernar lo que se supone que debería, mi alma aclama libertad, pero está atada por las cadenas de mi supuesta agonía.
Una dificultad con la compatibilidad gustativa, un auto rechazo, un sin sentido alguno de ir a lugares poco aplacibles. Desgarrando mi cabeza contra la pared, dándole vuelta a ese pensamiento “¿Dónde quedo?” de un lugar a otro, intentando no aparentar, confundido por la incoherencia al hacerlo, entrando en conflicto por aquel sonar de delirios diciéndome autocompasivo; aturdido, enfrentando la verdad.
Los placeres los dejos para después, el intento se convierte en fallo, una decepción predomínate, rindiéndome seguidamente antes las ocasiones de gozos, un “no puedo” sin transformación antónima. Mis relatos se han convertidos en una línea con algún fin lejano, siendo parecer un bucle, con la misma alba iluminando.
Diferentes palabras para el mismo problema, llevándome a un equivalente final. Mi mirada recorriendo situaciones insólitas, cosas que no deberían presenciar, trayendo consigo los mismos desenlaces; “no pienso caminar por ahí”. Sin excusas al no querer intentar, solo no quiero levantarme y dejar el dulce sabor de mis penas ahogándome, siendo así, un patético. Un hipócrita sabiendo lo que hace es muy poco ventajoso, a un hipócrita sin conocimiento de serlo que tiene la oportunidad de querer reanimarse. Solo se trata de eso, de querer con verdadera voluntad, de sentir la brisa pasar.