En cualquier momento del día el corazón se paraliza por un instante. El miedo toca a la puerta y hay que decidir lo que haremos con él. Considero normal el sentir miedo, ese palpitar súbito que nos recuerda que estamos ante algo importante.
Normalmente sentimos miedo cuando algo que valoramos está en peligro o cuando se nos presenta algo desconocido o del cual no te tenemos el control. Pero si es normal sentir miedo es anormal dejarse dominar por él. Cada emoción que sentimos debe llevarnos a pararnos, identificarla, ver la circunstancia que la provocó, y decidir la acción para volver al ritmo normal. Si nos quedamos estancados en la emoción o el sentimiento, esta nos aprisiona y descontrola todo.
Cada día, cuando el miedo toque a la puerta escucha, mira por el ojo de la puerta, pero no le abras. Si le abres es muy difícil hacerlo ir. Es parecido a aquellos invitados que llegaron por un día y llevan años sin planes de irse y devorando todo a su paso, sin pedirte permiso.
Esas emociones, que te ponen en alerta, escúchalas, ellas te advierte que estás en un punto donde debes tomar un decisión importante. No debes ter miedo, siéntelo, dele el valor que tiene, pero no más de ahí, no le entregues tu vida. Si ves una señal de: ¡CUIDADO! PISO RESBALADIZO, toma la precaución necesaria para no caerte, pero no dejes de cruzar ese pasillo que te lleva a tu destino.
No tengas miedo. Avanza.