This publication was also writen in SPANISH and PORTUGUESE.
Synopsis: A wedding singer who works in a band presents one of his compositions to a former member of a famous boy band during an impromptu meeting. Months later, the song becomes a hit... However, the entire essence of the work is not credited to the true owner (who now decides to prove to be the creator of that product).
One of the most enjoyable things about movies that choose the musical universe as their narrative base is seeing how they manage to use the music itself as an almost "invisible character" (which at every moment manages to "fill", so to speak, the different spaces within the events that keep the story flowing naturally). This movie brings an atmosphere that breathes precisely this kind of air, allowing the audience to witness a contemporary and very reflective comedy.
Although it is a script that is also based on clichés commonly seen in these types of narratives, the movie has its own identity that is very well paved by its own characters. No, not all of them are good characters; but all of them are functional within what is being built in the narrative. The way the script works with them is disproportionate, but still, they have good synergy within the scenes.
In the plot, after an improvised duet at a wedding party, Rick (a declining wedding singer) and Danny (a former boy band star who seems to have been forgotten by the mainstream media) bond through music. In an impromptu session in the middle of the night after the event, Rick decides to present one of his original compositions to Danny. Months later, the song became a worldwide hit... But Rick's talent was never recognized.
Now, Rick's only mission is to prove to his family, friends, and the rest of the world that he is the author of that song. However, to make this happen, he needs to dive into an adventure that could end up destroying his most precious asset: his own family. The script is very insightful in dealing with themes such as frustration, resentment, disappointment, empowerment, and justice through a light verbal language; but with some interesting plot twists.
Seeking justice, Rick has to deal with some of his past ghosts. The biggest one is not having become a famous singer. He gave up that immense dream when he met Rachel and moved to Ireland. Later, they became parents to Aja and laid the roots of their family in that country. The plot uses this point as an "emotional pendulum", because it is where the script manages to be more dramatic (although I didn't quite like the approach).
On the other hand, Rick's interaction with the band he works with manages to better balance the quality of the movie. The way the script handles their different viewpoints on age, fame, and regrets provides the audience with some thought-provoking points worth considering. The tone is always very comedic, and this makes the jokes (both verbal and non-verbal) much easier to be effective in the plot.
Unexpectedly, Paul Rudd and Nick Jonas share good moments on screen. For obvious reasons (since he is more experienced as an actor), Rudd brings a more genuine aspect to the narrative. His character manages many different feelings, and although not all of them are well-developed, they are all there, reminding us how frustrating it is to be let down. Jonas provides a good counterpoint here and delivers a "decent" performance.
Power Ballad was directed by John Carney and co-written by Carney alongside Peter McDonald. It wasn't something memorable, but it's worth watching as quality entertainment. Carney has a good track record when it comes to making movies within this musical context, but here, I think the product is more artificial and missed good opportunities (especially in its third act) to become something more immersive and even reflective within its proposals.
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CRÍTICA DE PELÍCULA: “Letras Robadas” (2026)
Sinopsis: Un cantante de bodas que trabaja en una banda presenta una de sus composiciones a un exintegrante de una famosa boy band en medio de una reunión improvisada. Meses después, la canción se convierte en un éxito... Sin embargo, toda la esencia del trabajo no es acreditada al verdadero dueño (quien ahora decide probar ser el creador de ese producto).
Una de las cosas más divertidas en las películas que eligen el universo musical como su base narrativa, es ver cómo logran usar la propia música como un casi “personaje” invisible (y que en todo momento logra “ocupar”, por así decirlo, los diferentes espacios dentro de los eventos que mantienen la historia fluyendo naturalmente). Esta película trae una atmósfera que respira precisamente ese tipo de aire, y hace que el público presencie una comedia actual y muy reflexiva.
Aunque es un guion que también se basa en clichés que suelen verse en este tipo de narrativas, la película tiene una identidad propia que está muy bien pavimentada por sus propios personajes. No, no todos ellos son buenos personajes; pero todos ellos son funcionales dentro de lo que se está construyendo dentro de la narrativa. La forma en que el guion trabaja con ellos es desproporcionada, pero aun así, tienen una buena sinergia dentro de las escenas.
En la trama, después de un dueto improvisado en una fiesta de boda, Rick (un cantante de bodas en decadencia) y Danny (una exestrella de una boy band que parece haber sido olvidada por los grandes medios), se acercan a través de la música. En una sesión improvisada en medio de la madrugada después del evento, Rick decide presentar una de sus composiciones originales a Danny. Meses después, la canción se convirtió en un éxito mundial... Pero el talento de Rick nunca fue reconocido.
Ahora, la única misión de Rick es probar a su familia, amigos y al resto del mundo que él es el autor de esa canción. Sin embargo, para hacer que eso suceda, necesita sumergirse en una aventura que podría acabar destruyendo su bien más preciado: su propia familia. El guion es muy perspicaz al tratar temas como la frustración, el resentimiento, la decepción, el empoderamiento y la justicia a través de un lenguaje verbal ligero; pero con algunos plot twists interesantes en la trama.
Buscando justicia, Rick necesita lidiar con algunos de sus fantasmas del pasado. El mayor de ellos es no haberse convertido en un cantante famoso. Él renunció a ese inmenso sueño cuando conoció a Rachel y se mudó a Irlanda. Después, se convirtieron en padres de Aja y echaron raíces en ese país. La trama usa ese punto como "péndulo emocional", porque es donde el guion logra ser más dramático (aunque no me haya gustado tanto el enfoque).
Por otro lado, la interacción de Rick con la banda donde trabaja logra equilibrar mejor la calidad de la película. La manera en que el guion aborda los diferentes puntos de vista de ellos sobre la edad, la fama y los arrepentimientos ofrece a quienes están al otro lado de la pantalla algunos puntos de reflexión que valen la pena ser observados. El tono es siempre muy cómico, y eso hace que los chistes (tanto los verbales como los no verbales) sean mucho más fáciles de ser eficientes en la trama.
Inesperadamente, Paul Rudd y Nick Jonas comparten buenos momentos en escena. Por razones obvias (ya que él es más experimentado como actor), Rudd aporta un aspecto más genuino a la narrativa. Su personaje maneja muchos sentimientos diferentes, y aunque no todos están bien desarrollados, todos están ahí, y nos recuerdan lo frustrante que es ser dejado de lado. Jonas hace un bueno contrapunto aquí, y entrega una actuación "decente".
Letras Robadas fue dirigido por John Carney, y co-escrito por Carney junto a Peter McDonald. No fue algo memorable, pero vale la pena ser visto como un entretenimiento de calidad. Carney tiene un buen currículum cuando se trata de hacer películas dentro de este contexto musical, pero aquí, pienso que el producto es más artificial y perdió buenas oportunidades (principalmente en su tercer acto) de convertirse en algo más inmersivo e incluso reflexivo dentro de sus propuestas.
CRÍTICA DE FILME: “Hit para Dois” (2026)
Sinopse: Um cantor de casamentos que trabalhar numa banda apresenta uma de suas composições a um ex-integrante de uma famosa boy band em meio a uma reunião improvisada. Meses depois, a música se torna um hit... Porém, toda a essência do trabalho não é creditada ao verdadeiro dono (que agora decide provar ser o criador daquele produto).
Uma das coisas mais divertidas nos filmes que escolhem o universo musical como à sua base narrativa, é ver como eles conseguem usar a própria música como um quase “personagem” invisível (e que a todo momento consegue “ocupar”, por assim dizer, os diferentes espaços dentro dos eventos que mantém a história fluindo naturalmente). Esse filme traz uma atmosfera que respira justamente esse tipo de ar, e faz o público presenciar uma comédia atual e muito reflexiva.
Embora seja um roteiro que também é pautado em clichês que costumam ser vistos dentro desses tipos de narrativas, o filme tem uma identidade própria que é muito bem pavimentada pelos seus próprios personagens. Não, nem todos eles são bons personagens; mas todos eles são funcionais dentro do que está sendo construído dentro da narrativa. O modo como o roteiro trabalha com eles é desproporcional, mas ainda sim, eles têm uma boa sinergia dentro das cenas.
Na trama, depois de um dueto improvisado numa festa de casamento, Rick (um cantor de casamentos em decadência) e Danny (um ex-astro de uma boy band que parece ter sido esquecido pela grande mídia), aproximam-se por meio da música. Numa sessão improvisada no meio madrugada após o evento, Rick decide presentar uma de suas composições originais para Danny. Meses depois, a música se tornou um hit mundial... Mas o talento de Rick nunca foi reconhecido.
Agora, a única missão de Rick é provar para à sua família, amigos e para o restante do mundo que ele é o autor daquela música. No entanto, para fazer isso acontecer, ele precisa mergulhar numa aventura que pode acabar destruindo o seu bem mais precioso: sua própria família. O roteiro é muito perspicaz ao lidar com temas como frustração, ressentimento, decepção, empoderamento e justiça através de uma linguagem verbal leve; mas com alguns plot twists interessantes.
Buscando pela justiça, Rick precisa lidar com alguns dos seus fantasmas do passado. O maior deles é não ter se tornado um cantor famoso. Ele abriu mão desse sonho imenso quando conheceu Rachel e se mudou para Irlanda. Depois, eles se tornaram pais da Aja e sedimentaram as raízes de sua família naquele país. A trama usa esse ponto como “pêndulo emocional”, porque é onde o roteiro consegue ser mais dramático (embora eu não tenha gostado tanto da abordagem).
Por outro lado, a interação de Rick com a banda onde ele trabalha consegue equilibrar melhor a qualidade do filme. O modo como o roteiro lida com os diferentes pontos de vistas deles sobre idade, fama e arrependimentos entrega para quem está do outro lado da tela alguns pontos de reflexão que valem à pena serem observados. O tom é sempre muito cômico, e isso torna as piadas (tanto as verbais quanto as não-verbais) muito mais fáceis de serem eficientes na trama.
Inesperadamente, Paul Rudd e Nick Jonas compartilham bons momentos em cena. Por razões óbvias (já que ele é mais experiente enquanto ator), Rudd traz um aspecto mais genuíno para à narrativa. O personagem dele administra muitos sentimentos diferentes, e ainda que nem todos eles sejam bem trabalhados, todos eles estão lá, e nos lembram como é frustrante ser passado para trás. Jonas faz um bom contraponto aqui, e entrega uma performance “decente”.
Hit para Dois foi dirigido por John Carney, e co-escrito por Carney ao lado de Peter McDonald. Não foi algo memorável, mas vale à pena ser assistido como um entretenimento de qualidade. Carney tem um bom currículo quando o assunto é fazer filmes dentro desse contexto musical, mas aqui, eu penso que o produto é mais artificial e perdeu boas chances (principalmente no seu terceiro ato) de se tornar algo mais imersivo e até mesmo reflexivo dentro das suas propostas.
Rating: 65/100.