MOVIE REVIEW: “Falling Down” (1993)

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2010
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This publication was also writen in SPANISH and PORTUGUESE.

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IMDb

Synopsis: On an ordinary day, a man reaches his emotional breaking point. Unexpectedly, he begins to violently lash out at different events he sees in society (and considers them flaws, within a political system that was already born failed) after losing his job.

Who has never had a day when everything seemed to be going wrong, let them cast the first stone. However, when everything seems to be being “drawn” like a great avalanche about to fall on our heads, it is easy to lose all of our own emotional control. Within this psychological scope, here is a movie that is constructed with a provocative level of fluidity, and that brings to the center of attention a discussion that is - above all - about mental health.

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Rotten Tomatoes

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Frame Rated

William Foster is a middle-aged man, unemployed and without any prospect of having a better life. During an ordinary day, some events make him lose control, and mentally disturbed by everything he considers wrong around him, his only sources of comfort are his ex-wife Beth, and Adele (his young daughter). Everything gets worse when things happen sequentially, challenging William to remain sober amid intense urban chaos.

That same day (almost as if it were a sadistic “coincidence” of fate, or even satirical), his daughter is celebrating her birthday. Far from the family that once lived together with him, William is “swallowed” by a feeling of guilt, which is triggered by the occasional actions that are crossing his path. On the other hand, he “outsources” this guilt as a reflection of his own failure (whether personal or professional). Guilt is not always in others.

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True Myth Media

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True Myth Media

Although the screenplay makes us sympathize (still at the beginning of the movie) with the “misunderstood” protagonist by using themes such as high-inflation policies, segregation of crime (especially by race), false advertising (where there is massive media domination), meaningless bureaucracy (which seems to be done with excellence by the government), wealthy classes dominating poor classes and other social injustices... We need to look at ourselves as pieces of the game.

The way the story works on two fronts is one of the best ideas in this screenplay (which is, almost always, very dynamic in its psychological mechanics for creating situations of high stress or imminent risk to life), because if on the one hand we can develop some empathy for William, we can also develop total repulsion toward some of his actions (especially, his aggressive behavior toward his ex-wife and questionable political values).

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Frame Rated

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In other words, it is as if the protagonist were “demanding” from society a “recognition” (or even a “reward”) for all the good things he has done up to that point. Trying to justify his actions through violent acts, everything turns against him when he begins to be hunted by Prendergast (a detective who was on his last day of work before retiring); who will use this mission to prove to himself that he has always been a good detective.

William and Prendergast are two victims of the same system. While the former was separated from his ex-wife (and daughter) because of his destructive behavior, the latter was separated by a tragic event that claimed his daughter. The great difference is that one is disturbingly trapped in the past, while the other moved on (even with wounds that will never be completely healed). In this respect, the screenplay further expands its duality.

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Here, Joel Schumacher did quite a shrewd job as a director. Working with a screenplay written by Ebbe Roe Smith (and starring Michael Douglas and Robert Duvall, both with very solid performances... alternating between visceral and coldly emotional moments), he captured much of the “essence” that makes Falling Down a movie where the “works of chance” can awaken a frenetic storm of feelings that forces us to look at ourselves.

[ OFFICIAL TRAILER ]


CRÍTICA DE PELÍCULA: “Un Día de Furia” (1993)

Sinopsis: En un día como cualquier otro, un hombre llega a su límite emocional. Inesperadamente, comienza a arremeter violentamente contra diferentes acontecimientos que ve en la sociedad (y los considera como fallas, dentro de una política que está regida por un sistema que ya nació fracasado) después de perder su empleo.

Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido un día en el que todo pareciera estar saliendo mal. Sin embargo, cuando todo parece estar siendo “dibujado” como una gran avalancha a punto de caer sobre nuestras cabezas, es fácil perder todo nuestro propio control emocional. Dentro de este ámbito psicológico, he aquí una película que está construida con un nivel de fluidez provocador, y que pone en el centro de atención una discusión que es - por encima de todo - sobre salud mental.

William Foster es un hombre de mediana edad, desempleado y sin perspectivas de tener una vida mejor. Durante un día cualquiera, algunos acontecimientos hacen que pierda el control, y mentalmente perturbado por todo lo que considera incorrecto a su alrededor, sus únicos consuelos son su exesposa Beth, y Adele (su hija pequeña). Todo empeora cuando las cosas suceden de manera secuencial, desafiando a William a mantenerse sobrio en medio de un fuerte caos urbano.

Ese mismo día (casi como si fuera una “coincidencia” sádica del destino, o incluso satírica), su hija está cumpliendo años. Lejos de la familia que un día vivía junto a él, William es “engullido” por un sentimiento de culpa, que es desencadenado por las acciones ocasionales que están atravesando su camino. Por otro lado, él “terceriza” esa culpa como un reflejo de su propio fracaso (ya sea personal o profesional). La culpa no siempre está en los demás.

Aunque el guion nos hace simpatizar (todavía al principio de la película) con el protagonista “incomprendido” al utilizar temas como políticas de alta inflación, segregación de la criminalidad (en especial, por razas), publicidad engañosa (donde hay una dominación mediática masiva), burocracia sin sentido (que parece ser hecha con excelencia por el gobierno), clases ricas dominando a clases pobres y demás injusticias sociales... Es necesario mirarnos a nosotros mismos como piezas del juego.

La manera en que la historia trabaja sobre dos vertientes es una de las mejores ideas de este guion (que es, casi siempre, muy dinámico en su mecánica psicológica para crear situaciones de alto estrés o de riesgo de vida inminente), porque si por un lado conseguimos crear cierta empatía por William, también conseguimos sentir total repulsión por algunos de sus actos (en especial, su comportamiento agresivo con su exesposa y valores políticos que son cuestionables).

En otras palabras, es como si el protagonista estuviera “cobrándole” a la sociedad un “reconocimiento” (o incluso un “premio”) por todas las cosas buenas que ha hecho hasta entonces. Intentando justificar sus acciones con actos violentos, todo se vuelve contra él mismo cuando comienza a ser perseguido por Prendergast (un detective que estaba en su último día de trabajo antes de jubilarse); que utilizará esta misión para demostrarse a sí mismo que siempre fue un buen detective.

William y Prendergast son dos víctimas del mismo sistema. Mientras el primero fue separado de su exmujer (e hija) a causa de su comportamiento destructivo, el segundo fue apartado por un trágico acontecimiento que acabó con la vida de su hija. La gran diferencia es que uno está perturbadoramente atrapado en el pasado, mientras que el segundo siguió adelante (aunque con heridas que nunca serán totalmente curadas). En este aspecto, el guion amplía aún más su dualidad.

Aquí, Joel Schumacher hizo un trabajo bastante sagaz como director. Trabajando con un guion escrito por Ebbe Roe Smith (y protagonizado por Michael Douglas y Robert Duvall, ambos con interpretaciones muy sólidas... alternando entre momentos viscerales y fríamente emocionales), captó muy bien la “esencia” que hace de Un Día de Furia una película donde las “obras del azar” pueden despertar una frenética tormenta de sentimientos que nos obliga a mirarnos a nosotros mismos.


CRÍTICA DE FILME: “Um Dia de Fúria” (1993)

Sinopse: Em um dia como outro qualquer, um homem chega ao seu limite emocional. Inesperadamente, ele começa a violentamente se voltar contra diferentes acontecimentos que vê na sociedade (e os considera como falhas, dentro de uma política que é regida por um sistema já nasceu fracassado) depois de perder seu emprego.

Quem nunca teve um dia onde tudo pareceu estar dando errado, que atire a primeira pedra. No entanto, quando tudo parece estar sendo “desenhado” como uma grande avalanche prestes a cair sobre às nossas cabeças, é fácil perde todo o nosso próprio controle emocional. Dentro desse âmbito psicológico, eis aqui um filme que é construído com um nível de fluidez provocante, e que traz para o centro das atenções uma discussão que é - acima de tudo - sobre saúde mental.

William Foster é um homem de meia-idade, desempregado e sem perspectiva de ter uma vida melhor. Durante um dia qualquer, alguns acontecimentos o fazem perder o controle, e mentalmente perturbado com tudo o que ele considera errado ao seu redor, os seus únicos alentos são à sua ex-esposa Beth, e Adele (sua filha pequena). Tudo fica pior quando as coisas acontecem de maneiras sequenciais, desafiando William a se manter sóbrio em meio a um forte caos urbano.

Naquele mesmo dia (quase como se fosse uma “coincidência” sádica do destino, ou até mesmo satírica), sua filha está completando aniversário. Longe da família que um dia vivia junto com ele, William é “engolido” por um sentimento de culpa, que é engatilhado pelas ações ocasionais que estão atravessando o seu caminho. Por outro lado, ele “terceiriza” essa culpa como um reflexo do seu próprio fracasso (seja pessoal ou profissional). A culpa nem sempre está nos outros.

Embora o roteiro nos faça simpatizar (ainda no início do filme) com o protagonista “mal compreendido” ao usar temas como políticas de alta inflação, segregação da criminalidade (em especial, por raças), propaganda enganosa (onde há uma dominação midiática massiva), burocracia sem sentido (que parece ser feito com excelência pelo governo), classes ricas dominando classes pobres e demais injustiças sociais... É preciso olhar para nós mesmos enquanto peças do jogo.

O modo como a história trabalha sobre duas vertentes é uma das melhores ideias desse roteiro (que é, quase sempre, muito dinâmico na sua mecânica psicológica para criar situações de alto estresse ou de risco de vida iminente), porque se por um lado nós conseguimos criar alguma empatia por William, também conseguimos criar total repulsa por alguns dos seus atos (em especial, o seu comportamento agressivo com a ex-esposa e valores políticos que são questionáveis).

Em outras palavras, é como se o protagonista estivesse “cobrando” da sociedade um “reconhecimento” (ou até mesmo um “prêmio”) por todas as coisas boas que ele já fez até então. Tentando justificar suas ações com atos violentos, tudo se volta contra ele mesmo quando ele começa a ser caçado por Prendergast (um detetive que estava no seu último dia de trabalho antes de se aposentar); que vai usar essa missão para provar a si mesmo que sempre foi um bom detetive.

William e Prendergast são duas vítimas do mesmo sistema. Enquanto o primeiro foi afastado de sua ex-mulher (e filha) por causa do seu comportamento destrutivo, o segundo foi afastado por um trágico acontecimento que vitimou à sua filha. A grande diferença é que um está perturbadoramente preso no passado, enquanto o segundo seguiu em frente (ainda que com feridas que nunca serão totalmente curadas). Neste aspecto, o roteiro amplia ainda mais sua dualidade.

Aqui, Joel Schumacher fez um trabalho bastante sagaz como diretor. Trabalhando com um roteiro escrito por Ebbe Roe Smith (e protagonizado por Michael Douglas e Robert Duvall, ambos com performances bem sólidas... alternando entre momentos viscerais e friamente emocionais), ele captou muito a “essência” que faz de Um Dia de Fúria um filme onde as “obras do acaso” podem despertar uma frenética tormenta de sentimentos que nos força a olhar para nós mesmos.

Rating: 85/100.

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