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La hermana del medio
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"Buenos días, Holmes. ¿Hay una carta para mí?", preguntó lady Marion Frye-Wexham una mañana de julio de 1919 al ver a Horace Holmes, jefe de mayordomos de su familia, cargar una bandeja con varias misivas.
"Buenos días, milady. Por el momento no ha llegado carta alguna de Londres. Si quiere, puedo preguntar directamente al servicio postal si de casualidad se les traspapeló alguna misiva".
"Muchas gracias, Holmes, pero no va a ser necesario. Esperaré una semana más, me temo".
"¿Espera usted alguna noticia, milady?"
"Sí. Una muy importante. Por favor, si de casualidad llega una misiva con mi nombre, por favor entrégasela a Molly para que ella me lo dé después".
"Por supuesto, milady. Así lo haré".
"Gracias".
Con una sonrisa nerviosa, Marion le dio la espalda y se dirigió hacia la salida que daba al jardín. Holmes, por su parte, no pudo evitar sentirse preocupado.
Desde hace varios días que había notado a la hija mediana de sus amos en un estado de absoluto nerviosismo desde que regresó de Londres hace unas semanas.
¿Qué secreto estaría escondiendo que no se atrevía a contar a nadie, ni siquiera a Molly, su fiel dama de compañía? ¿Acaso la joven tenía algún enamorado que vivía en Londres? ¿O una de sus amistades estará en serios aprietos?
"Milady, me gustaría hablar con usted, si me lo permite".
Lady Evelyn Frye-Wexham, condesa de Pembroke, levantó la mirada de la revista que estaba leyendo en la biblioteca de la casa.
"¿Sí, Holmes? ¿Qué sucede?"
Holmes, quien hace un momento le había servido un té, la miraba con ligera incomodidad. No solía meterse en asuntos de la familia, pero el comportamiento de lady Marion estaba empezando a preocuparle, por lo que sintió que debía abordarlo con la condesa de manera oportuna.
"Disculpe si me meto en asuntos que no me conciernen, pero estoy preocupado por lady Marion".
"¿Lady Marion? ¿Qué sucede con ella?"
"Desde hace dos semanas he observado que lady Marion se encuentra en un estado constante de angustia. Todos los días me ha estado preguntando si había llegado una misiva importante de Londres. Ignoro qué noticias espera, pero sospecho que es algo muy importante".
Lady Wexham-Frye dejó de lado la revista y suspiró. Ella también había notado sutiles cambios en su hija Marion. La noche anterior, durante una cena con Henry Graham, marqués de Putnam y pretendiente de su hija mayor Eloise, Marion se encontraba distraída y visiblemente aburrida. De vez en cuando miraba en dirección hacia la puerta, como si esperara a que alguien llegara.
"¿Ha dicho algo Molly al respecto?", cuestionó la aristócrata.
"No, milady. Ni ella sabe qué sucede. Es como si encerrara para sí ese secreto".
"¿Le has comentado esto a Su Señoría?"
"No, milady".
"Bien. Hablaré con ella. Espero que sea pasajero y no algo que pueda acarrearnos problemas a todos. Puedes retirarte, Holmes. Y te agradecería que no hagas comentario alguno con nadie, incluyendo a Su Señoría y a mis otras hijas".
Holmes asintió con solemnidad antes de marcharse.