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Una y otra vez llamo a la compañía de luz. Hay un jodido cable en la puerta de mi casa, colgando de forma rampante del techo. La luz no se ha ido, gracias a Dios, pero aún así tenía qué reportarlo para salvar vidas.
Por desgracia, las llamadas están en espera, y saldo en el teléfono ya casi no tengo. Recurro entonces a las redes sociales. Ahí les mando fotografías, videos, y hasta el número de servicio; incluso públicamente les comento que les he enviado un mensaje, que por favor lo revisaran.
Pasa una hora. Nada.
Pasa una hora, quince minutos. Nada.
Pasa una hora, treinta minutos. Nada.
Pasa una hora, cuarenta y cinco minutos. Nada.
Dos horas, nada.
Espero y espero, con la desesperación consumiéndome y el enojo construyéndose lentamente en mis entrañas. La compañía presume de trabajar las 24 horas, los 365 días del año; cobran un dineral, por no decir que casi quieren que les lleves las perlas de la Virgen.
Recurro nuevamente a las redes sociales... Y en ese momento se fue la luz.
No pasa mucho tiempo cuando regresa el servicio; solo se fue por un minuto y medio. Espero a que todo se restablezca para que nuevamente intente contactarme con la compañía de luz. Descubro que mucha gente les está reclamando su falta de atención y la calidad de su servicio; mi voz se une a las suyas, señalando que se están dando mucho de rogar.
Harta y fastidiada, decidí recurrir a un vecino electricista, quien vivía a un lado de la casa. Éste revisa la cablería; de inmediato me pide que le baje el switch general, pues va a cortar el cable. Temerosa de quedarme sin luz, me pongo en manos de Dios mientras bajo el switch. Unos minutos después me indica que ya puedo regresar todo a la normalidad.
Ese cable era viejo e inservible, y estaba entre la maraña de cables que se ha ido acumulando con el paso de los años. Yo resoplé del alivio cuando me dijo eso; parecía como si algo se había liberado de mis hombros.
Luego de invitar a mi vecino y a su esposa un café, oigo el sonido de las notificaciones.
Gracias por contactar a la Compañía de Luz. Por favor, responda las siguientes preguntas: ¿Presentas fallas en el servicio de luz? ¿En qué estado se encuentra el cable? ¿De dónde a dónde se conecta el cable que reportas?, compártenos fotografía completa en donde apreciemos de dónde a dónde va la línea...
Uno de mis ojos se puso a temblar. Les había mandado la maldita evidencia, les había dicho desde un principio y de forma detallada lo que estaba pasando, ¡¿y todavía me preguntan todo eso?!
Conteniendo mi furia, tomé el teléfono y les respondí: Buen día. Ya vinieron a arreglarlo. Gracias por no su muy amable atención y que pase una bonita tarde.