Fuente de la imagen de la izquierda: Pexels
Cuando María Antonia vio por la ventana que el camión no había dado vuelta en la esquina donde generalmente daban vuelta la gran mayoría de los buses que iban al norte de la ciudad, pensó al principio que quizás doblarla en la siguiente esquina.
Error. Estaba siguiendo un camino recto.
“Mierda… Me subí en el camión equivocado”, musitó al darse cuenta de la situación.
Se levantó apenas vio a una señora tocar el timbre para bajar. Una vez fuera del autobús, miró a su alrededor. Estaba en una colonia conocida de la ciudad, de eso no tenía duda.
Sacó su teléfono y se puso a investigar la ruta que tomó por equivocación. En definitiva esa ruta la alejaba demasiado de su centro de trabajo. Lejos de desesperarse, se echó a reír a carcajadas de la situación. Y vaya que aquello fue lo mejor que le ha pasado porque frustrarse no le iba a servir de nada, mucho menos desesperarse.
Debió preguntar antes de abordar si iba por la calle MV Norte. Pero no. Asumió que todos los camiones que señalaban los fraccionamientos del norte se iban para allá. Error de gente distraída, aunque en su caso fue porque estaba ocupada lidiando con deudas que ella adquirió como prestanombres de su fallecida tía abuela.
Unos minutos después, María Antonia estaba abordando un taxi de aplicación. Mientras abordaba el Didi, Maria Antonieta empezó a reflexionar.
Si pudiera volver al pasado, le habría condicionado a su pariente que será la primera y última vez que se realizara un préstamo fuerte que generaba más intereses que capital, sobre todo en aplicaciones y en tiendas departamentales. O la ayudaría con pagar la mitad en una quincena y la otra mitad a final de mes, de modo que la carga no estuviera tan pesada; quizás a María Antonia le habría beneficiado más el haber tenido empleo a tiempo, evitándose las penurias del presente, con los empleos precarizados al por mayor.
Pero el tiempo ha pasado, su tía abuela ha fallecido hace un mes ya y ahora María Antonia tenía que lidiar con las consecuencias de una decisión que, a pesar de su buena intención, la estaba perjudicando en términos de buró de crédito. Aunque si lo pensaba bien, ella misma también debió responsabilizarse por sí misma y no descuidarse tanto.
Con un suspiro, bebió un sorbo de su botella de agua, se levantó de su asiento de la tienda de conveniencia y se marchó a su centro de trabajo, el cual estaba cerca.
