Relato: Janos y Marcus

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"¿Dónde estabas realmente, Janos?"

Janos Caracalla miró al hombre de alta estatura, cabellera oscura, ojos color color miel y con atavíos de corte militar con una capa colgándole de los hombros, quien se encontraba sentado en un escritorio de mármol y cristal. La sala donde ambos se encontraban era un despacho de amplias dimensiones, con espadas y dagas adornando sus paredes.

Era una mañana otoñal en el palacio de los Siete Lagos, ubicado en lo alto de la colina Ur, al norte de la ciudad planeta de Helicon. Janos acababa de regresar de Folka, un planeta desértico lejano en donde había encontrado respuestas y una suerte de redención. En aquel planeta había ubicado a Juliana Harris-Potosí, una terrícola a quien se le había creído muerta por envenenamiento y cuyo caso había recibido la completa indiferencia de las autoridades tras tres meses de investigación en medio de una presión social despiadada.

Pero eso no lo sabía el hombre que estaba frente a él, y nunca se lo diría, pues de hacerlo no dudaría en enviar a mercenarios a reclamar su vida. Después de todo, no le convenía que su supuestamente difunta mujer estuviera viva.

"¿En dónde más querías que estuviera, Marcus? En la misión de capturar a Vanya Credicis y Antero Xilictetes. Perseguirlos es toda una aventura mientras están en los límites del imperio; pero dado que tengo que lidiar además con agentes incompetentes que los dejaron escapar, pues he de asumir la responsabilidad del fracaso.

El general Marcus Junius Caracalla le miró con suspicacia y le dijo: "Si no te hubieses ausentado mucho tiempo...".

"No son niños a los que vigilar, Marcus. Ellos mismos deben estar conscientes de que el éxito de la operación depende mucho de su eficiencia en la tarea; tú mismo, te recuerdo, lo has dicho en las múltiples ocasiones en el que enviaste a tus espías a otras regiones del imperio. Les recordaste que el éxito de su misión depende en gran medida de su eficiencia".

"Pero yo no me ausentaba de las misiones, Janos".

"Excepto por Helena".

Marcus miró a Janos con furia mientras éste añadió: "Si la misión fracasó, será por algo; no siempre el imperio puede ganar, y tú lo sabes".

"Veremos si dices lo mismo ante el emperador", replicó Marcus con arrogancia.

"Me importa un carajo. Después de todo, presentaré hoy mi renuncia ante Su Majestad, así que cualquier reprimenda me da igual a estas alturas. Por mi parte, espero que ya estés pensando en algún sustituto. Podrías preguntarle a Helena si conoce a alguien igual de competente que yo".

Dicho eso, Janos se dio la vuelta y se marchó del despacho, dejando a Marcus en medio de pensamientos tumultosos y con una sensación de pérdida en el alma.

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