Relato: Un encuentro tenso

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Fuente de la imagen: Pexels

Bajo el disfraz de un mercader principiante, Janos Caracalla recorrió las vibrantes calles del Mercado de las Especias y la Frutas. Era una calurosa mañana de primavera en Amarna, capital del planeta desértico Folka. Janos había llegado esa misma mañana desde Helicon, planeta capital del Imperio Orioniano, buscando un lugar en dónde hospedarse.

El viaje había sido particularmente largo; dos meses y medio había permanecido sentado de forma incómoda en la destartalada nave que había adquirido en secreto en el puerto clandestino de Piri Reis, incomodidad que estimó necesaria para llevar a cabo una misión autoimpuesta.

Oficialmente había salido a una expedición en los confines del imperio, en busca de unos disidentes fugitivos que han publicado artículos incendiarios contra miembros de la corte imperial; la realidad era que se desvió de su tarea para enfocarse particularmente en Folka.

Dos meses antes había descubierto un secreto que reabrió viejas heridas del pasado que provocaron una ruptura en sus relaciones personales.

Haffa Ibn Sina, jefe de los médicos imperiales, había ocultado la supervivencia de Juliana, la esposa terrícola de su ex mejor amigo Marco Junio Vetala. La joven mujer había sido víctima de envenenamiento con Bessum, uno de los venenos más temidos de la galaxia por su rápida actuación y la terrible agonía que le infringía a sus víctimas. El médico había encontrado a Juliana al borde de la muerte en un pasillo oscuro del palacio; si bien Haffa y su equipo lograron estabilizarla tras horas intensas de lucha, había quedado en coma.

Dado que Juliana había salvado la vida de sus nietas meses antes, Haffa decidió devolverle el favor sacándola del imperio en secreto con ayuda de Cortana, su asistente confiable; la instaló en una nave médica, programando a Folka como su destino final. En algún momento del viaje, la muchacha salió del coma. Haffa y Cortana le dieron tratamiento y le explicaron su situación.

Discutieron la posibilidad de que Vetala haya sido el autor intelectual detrás del intento de asesinato; Juliana también lo había sospechado, pues no había otra persona que ganara más con su muerte que su propio esposo, un hombre demasiado orgulloso para pedirle el divorcio que ella pudo haberle otorgado sin problema, si tanto él quería estar con Helena Padernekis, la Alta Concubina del emperador Lyonekes III. Si Juliana hubiese permanecido en el imperio, era probable que ella ya hubiese muerto y su autor impune.

Por lo consiguiente, decidieron que Juliana se quedara en Folka, rehaciendo su vida lejos del alcance del imperio y de Vetala.

Pasaron cinco años desde esa huida. Y Janos lo descubrió casualmente cuando a Haffa se le cayó por accidente una carta de Juliana, en donde narraba su día a día como narradora de historias del príncipe Kerim, nieto del gobernante de Folka, el pashamá Yobante, así como los misterios que resolvió al lado de Nafuz Al Cair, ministro de justicia.

Se detuvo en seco al ver a Juliana a pocos metros de él. La mujer estaba comprando fruta fresca; su vestuario era más alegre del que recordaba. En ese momento llevaba un vestido verde de manga larga, con una malla de algodón blanco adornando su cabeza. Su larga cabellera oscura, que llegaba hasta la cintura, estaba trenzada. Su mirada era más serena y tranquila, aunque percibió incluso un influjo de determinación.

Su sonrisa, genuina e inocente, parecía un rayo de luz en medio de la oscuridad del momento. Era evidente que había sido muy feliz desde que se marchó del imperio, por fin liberada de un matrimonio que le supuso más un tormento y un fracaso que cualquier otra cosa.

Con cautela, se acercó a la mujer. "Juliana Potosí-Harris", llamó.

La mujer se volvió al escuchar su nombre, sobresaltada. La alegría en su mirada pronto se transformó en horror al reconocer su voz, y del horror pasó a la determinación. En lugar de gritar y huir, la joven decidió enfrentarlo.

"Janos Caracalla. Me habían advertido que descubriste mi paradero, pero no me imaginé que tuvieras el descaro de venir hasta aquí. Bien... ¿Vienes a terminarle a Marcus el trabajo sucio?", dijo la mujer con valentía.

"Entiendo tu desconfianza, Juliana, pero te juro que yo no tuve nada que ver con tu envenenamiento. Y no, yo no vine por mandato de Marcus, sino por mi propio pie".

Juliana le miró de hito en hito, buscando alguna señal de mentira y engaño. Janos era conocido por ser el mejor amigo de su marido, a quien le debía la lealtad más férrea y servil posible. Nadie en el palacio ignoraba que solía hacer el trabajo sucio de eliminar a potenciales rivales tanto de Marcus como de Helena con una discreción absoluta.

Por lo tanto, no dudaba de que Janos estuviera en Folka buscando terminar el trabajo que no logró terminar. No había otra explicación posible a su súbito interés en encontrarla.

"Si vienes a terminar lo que empezaste, te advierto que no estoy sola".

"No vine a eso, te lo prometo", respondió Janos con honestidad.

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