Relato: El anuncio

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Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels

Marion jugueteaba con su té de limón mientras miraba de reojo las distintas escenas que transcurrían en la mesa familiar.

La hora del desayuno parecía transcurrir en la normalidad, con su padre leyendo el periódico, su madre leyendo una revista de modas, y sus hermanas platicando animadamente sobre la velada de anoche.

En su mente, el debate entre esperar a que pasaran las bodas o anunciar de inmediato su ingreso al London College se estaba librando como si estuviera aún en plena Gran Guerra. Sabía de antemano que sus padres se disgustaría con ella por haber hecho algo sin previa consulta; incluso la acusarían de mentirosa, dado que la noche anterior había comentado que era la noticia de un hospital respecto a una amistad que estaba internada ahí, recuperándose de los horrores de la Gran Guerra.

Además, estaba el detalle de que Eloise era la estrella del momento. Altiva, orgullosa y amante de la atención, la mayor de las tres hermanas no soportaría que le robasen la escena por algo que no estaba dentro de sus intereses. ¿Cómo podría entonces anunciar lo que para ella era su máximo logro en la vida, marcando un hito en la historia familiar al ser la primera hija en alcanzar la universidad?

"Estás pensativa, Marion. ¿Está todo bien?", escuchó de repente la voz de su hermana pequeña, Cassandra.

Marion sonrió quedamente y le dijo: "Sí, estoy bien. No es nada, Cassie".

"Últimamente te he notado rara. Como si estuvieras escondiendo algo".

"De seguro es un novio y está pensando en cómo presentarlo a papá", comentó Eloise, como si la cosa no fuera importante.

Marion rio quedamente. Dejó su taza y, mirando a su hermana con honestidad, respondió: "Gracias al cielo no es un novio. Es algo mucho mejor que eso: Fui aceptada en la Escuela de Arqueología del London College".

El silencio fue abrupto. Lord Ernest y lady Evelyn dejaron de lado sus lecturas, atónitos ante las palabras de su hija mediana. Eloise y Cassandra se quedaron boquiabiertas, mientras que Holmes y otros sirvientes se detuvieron.

Marion bebió un sorbo de té con la tranquilidad repentina de alguien que había aceptado que la tormenta estaba a las puertas de su casa. Eloise, incómoda ante aquella noticia, replicó: "Bueno, eso es una sorpresa..."

"Y te sorprenderá más cuando te diga que esa es la razón por la cual mandé al carajo al viejo Strallan hace unos días, hermana", replicó Marion con una sonrisa. "Le deseé suerte en su búsqueda de una esposa más acorde a su carácter. Partimos en buenos términos".

"¡¿Qué?!", murmuró lady Emily. "¡¿Rechazaste un buen matrimonio por... eso?!"

"¿Buen matrimonio? Madre, no estoy loca con casarme con alguien 30 años más viejo que yo, mucho menos alguien que tiene una amante de décadas".

Cassandra, con su inclinación natural al cotilleo, murmuró: "¡¿Tenía una amante?!"

"¡Por supuesto que sí! Yo lo vi salir de una casa en el Strand cuando me dirigía a la estación de trenes. De hecho, me entrevisté con la dama en cuestión".

"¡Marion, por todos los cielos! ¡Ya es suficiente!", bramó lord Ernest.

La joven se limitó a cuadrar de hombros. "Una debe conocer a su futuro marido muy bien, padre. No vaya a ser que tenga sorpresas muy desagradables".

Lady Emily y Eloise miraron a Marion con reproche mientras que Holmes se hacía el tonto y Cassandra empezaba a reírse quedamente.

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