Esta "plandemia" ha afectado nuestras vidas en todos los aspectos, pero ha hecho un desastre tremendo en la economía familiar. Muchos vieron mermar sus ingresos cuando no perdieron sus empleos y muchos más tuvieron que cerrar sus negocios y emprendimientos que tanto esfuerzo llevaron levantar.
Un ejemplo cercano víctima de esto que comenté es mi cuñado Amasis. El era encargado de un bar restaurant de la ciudad de Buenos Aires, hacía ya casi 2 años que estaba al frente de dicho negocio cuando la cuarentena lo mandó 1 mes sin sueldo a su casa, para luego ser echado formalmente al llegar a sus manos el telegrama de despido.
Con hijos que mantener en Venezuela, lejos de deprimirse tomó de sus pocos ahorros para comprar una bicicleta y dedicarse a repartir pedidos en una de las tantas empresas de reparto habilitadas en la ciudad.
Lo que al principio fue una tarea difícil, hoy es pan comido y al culminar un turno donde recorre no menos que 15 kilómetros en bicicleta por toda la ciudad, queda la satisfacción de salir adelante a pesar de las adversidades; la muy nombrada RESILIENCIA que traen los venezolanos tatuada en el corazón.