Antes que nada, analicemos la siguiente paradoja:
Solo cuando eres rico exteriormente, por contraste, te das cuenta de tu pobreza interior.
¿Por qué? Porque crees que has conseguido todo, pero la realidad es que no has conseguido paz, felicidad, ni alegría que perdure, solo algo fugaz. Además, cuando un país es pobre exteriormente, este se vuelve inconsciente de su pobreza interior.
A mi juicio, actualmente Venezuela es un país pobre tanto en lo externo como en lo interno, no se puede negar el conformismo que se observa en las caras de los venezolanos. En otras palabras, simplemente son inconscientes de su pobreza interior, no están contentos, pero no son conscientes de su descontento, porque para estar conscientes del descontento, hace falta la riqueza exterior. A mí me gustaría que todo el mundo fuera rico. Cuanto mas rico es una persona, más espiritual se volverá. Tendrá que serlo; no podrá evitarlo. Solo así surge el verdadero contento. Venezuela parece contenta porque en ambos lados de la cerca hay pobreza. Hay una perfecta harmonía: el exterior y el interior están equilibrados; pero es un contento falso, en realidad es carencia de vida, falta de vitalidad.
La ciencia ha desarrollado la tecnología para hacerte exteriormente rico. La religión ha desarrollado la tecnología para hacerte rico interiormente. Sin ir muy lejos, China, Japón y Singapur son países que han desarrollado la tecnología para hacerse exteriormente ricos, sin embargo, poseen los niveles de felicidad en rojo. Así pues, esto les ha hecho apasionarse por contactarse a ellos mismos.
Ahora bien, Venezuela no puede meditar todavía, y se comprende porque se encuentra profundamente empobrecida, enferma, hambrienta; no hay nada por lo que sentirse agradecido. Venezuela se ha olvidado de como rebelarse, se ha olvidado de hacer algo acerca de su condición. Venezuela no puede contactarse a sí misma. Estamos viviendo en una especie de inconsciencia. Solo estamos interesados en las tres papas del día, el cobijo, el abrigo, mejores casas y mejores carreteras. En fin, necesitamos tecnología científica para mejorar físicamente. En cambio, China, Japón y Singapur necesitan la tecnología religiosa para hacerse ricos interiormente.