EL BURRO Y EL TIGRE
Venía un burrito apacible
por el bosque felizmente
cuando una visión terrible
lo detuvo de repente.
Paralizado quedó,
asustado y sin aliento,
pues lo que el burrito vio
era un tigre corpulento.
Sudaba la gota fría
y por causa de su enredo
por las piernas le corría
la consecuencia del miedo.
Así estuvo todo el día
de terror paralizado
mientras el tigre seguía
sobre la hierba acostado.
Y el burro entonces pensó
que si aquel fiero animal
lo miró y no lo atacó
sería porque estaba mal.
Y aguzando la mirada
vio sorprendido y triunfal
que el tigre tenía quebrada
la columna vertebral.
Entonces se alebrestó
aquel cobarde pollino
y fachoso se acercó
al inválido felino.
¡Quihubo, tigre!, ¿qué tenemos?,
dijo el burro con alarde.
Ya ves como no te temo
y vine a verte esta tarde.
Vine a conversar contigo
y a proponerte este pacto:
que me trates como amigo,
o no atiendo de mis actos.
Y así por un tiempo ingrato
molestó al tigre el burrito
tocándole un largo rato
la cara con un palito.
En tanto aquel tigre inválido
sabía que su mirada
surgida del rostro pálido
no tenía ni luz ni nada.
Que estando así como estaba
fracturado su esqueleto
a ninguno le inspiraba
el más mínimo respeto.
Recordó el tiempo pasado
de sus gloriosas victorias
y vio desilusionado
que es humo vano la gloria.
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Texto e imagen de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas