Playa Bane en bicicleta: una aventura con los Búhos Bikepackers (Es-En)

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2002
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Playa Bane en bicicleta: una aventura con los Búhos Bikepackers

Sobrinas y sobrinos amantes de los viajes y las aventuras llenas de destinos inolvidables. Les escribo para contarles sobre la grata escapada en Bici que hicimos ayer domingo 11 de octubre de 2026.

Nuestro destino era Playa Bane, en la costa norte de la provincia de Artemisa, uno de esos lugares que sirven de escenario perfecto para pasar un día al aire libre. La idea no era solamente llegar a la playa y darnos un baño, sino disfrutar del recorrido, de la compañía y de todo lo que surgiera durante la jornada. Sin apuros, sin agendas complicadas.

Para quienes nos gusta viajar en bicicleta, y como le comentaba ayer mismo a algunos amigos, el principal encanto de pedalear es que el camino forma parte de la experiencia tanto como el destino.

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Por mi parte, a pesar de realizar muchos viajes en solitario, nada disfruto más que viajar en equipo; es más grato... Viajar en grupo también tiene otras ventajas. Cada ciclista aporta su energía, sus ocurrencias y sus ganas de pasarla bien, y así el trayecto se convierte en una experiencia compartida que se hace como un gran globo aerostático que lo potencializa todo.

No hace falta organizar una expedición complicada ni gastar demasiado dinero para disfrutar de una buena aventura como esta.

¿A que sí?

Playa, fútbol y castillos de arena

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Vale. Una vez en Playa Bane, dejamos que el día transcurriera sin demasiadas preocupaciones. El mar nos esperaba y teníamos por delante varias horas para disfrutar de la playa, conversar, jugar y compartir con los compañeros de ruta. Después del ciclismo, nada mejor que cambiar el esfuerzo de los pedales por el agua del mar, la arena que lo mueve todo, y la tranquilidad de la costa.

Cuando os llegáis al mar, entráis cargados de tantas vicisitudes…, y salís renovado, distinto, vigorizado.

La jornada tuvo de todo. También organizamos un partido de fútbol, porque entre los ciclistas no todo consiste en pedalear kilómetros. Siempre aparece alguna propuesta así, para mover el cuerpo, echar unas risas y comprobar quién tiene más habilidad con el balón.

En la revancha se escuchó la voz: ¡Sin reglas! Y los grandes deportistas cavernícolas se abalanzaron en el descarnado ruedo por el balón.

Yo le observé desde el agua, dejándome llevar por el vaivén renovador que necesitaba desde hacía un par de semanas.

Como la diversión no tiene edad, también hubo un club de niñas que se dedicó a construir castillos en la arena. Puede parecer una actividad sencilla, pero precisamente en esas cosas está buena parte de la gracia de viajar en grupo: compartir momentos sin complicaciones, dejar a un lado las preocupaciones cotidianas y recuperar por unas horas esa espontaneidad que tantas veces perdemos entre las obligaciones de la vida diaria y las máscaras que enarbolamos a diario.

Entre el mar, el fútbol, la arena y las conversaciones, el tiempo fue pasando casi sin darnos cuenta. Playa Bane se convirtió en nuestro pequeño espacio de libertad.

La caldosa de los Búhos: cocinar juntos también es viajar

Si algo terminó de redondear nuestra excursión fue la caldosa que preparamos entre todos. Llegó la hora de los MasterChef. Y esta vez si os puedo decir que trabajamos tooodooosss. Aunque parezca un milagro más Grande que el del Mar Rojo, y a diferencia de la Spaguettada en Ojo de Agua, aquí Suey sí trabajó.
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Chicas, chicos, sí creo que cocinar juntos una caldosa también es viajar. Porque una salida de ciclismo puede tener paisajes estupendos y una playa maravillosa, pero cuando llega la hora de compartir la comida aparece otra dimensión del viaje: la convivencia. Se unen otros sentidos que no estaban en acción…, y saboreamos mejor la escapada.
Nos pusimos manos a la obra y conseguimos preparar, en dos horas, una caldosa que nos quedó estupenda. Eramos como 20 Bikepackers. Para cocinarla necesitábamos un caldero más grande que el reservado y, gracias a la amabilidad de un vecino de la zona que nos prestó uno, pudimos sacar adelante nuestro pequeño proyecto gastronómico a gran escala.
Ese gesto sencillo merece ser contado en este relato, porque los viajes también están hechos de encuentros con personas que, sin conocernos demasiado, nos echan una mano y contribuyen a que el día salga todavía mejor.
Cuando finalmente la caldosa está lista y descubrimos que nos ha quedado tan buena, la satisfacción es doble: disfrutamos de la comida y también del trabajo que hemos realizado juntos.

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¡Esta es la caldosa más rica que he comido jamás!
Aquella caldosa fue mucho más que una comida; fue parte de la aventura y una muestra de cómo la creatividad y la colaboración pueden convertir una excursión sencilla en una experiencia memorable.

Cae la tarde: hora de regresar a La Habana

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Como ocurre con las buenas excursiones, el día terminó llegando a su final casi sin que nos diéramos cuenta. Después de disfrutar del mar, el fútbol, los castillos de arena y nuestra estupenda caldosa, llegó el momento de recoger las cosas y prepararnos para regresar.
Al atardecer emprendimos el camino de vuelta a La Habana. Dejábamos atrás Playa Bane, pero nos llevábamos las conversaciones, las risas y la satisfacción de haber compartido una jornada diferente. La bicicleta había sido nuestro medio de transporte, aunque durante el día habíamos encontrado muchas otras formas de disfrutar del viaje.
Esta excursión a Playa Bane fue una de esas escapadas que disfruto con ganas: bicicleta, naturaleza, amigos y la libertad de dedicar un domingo a hacer lo que más nos gusta. Como os dije, unos veinte ciclistas salimos desde La Habana con ganas de pasarla bien y regresamos más llenos de vida y nuevos recuerdos compartidos en el baúl de los tesoros mochileros.

Os deseo muchos viajes a playas llenas de amigos…

Vuestro,
Tío Lucio el Viajero.



Familia viajera, gracias por llegaros a mi blog.

Todas las imágenes son mías.

El texto original está en español, traducido con Google Translate.

Fellow traveling families, thanks for visiting my blog.

All images are my own.

The original text is in Spanish and was translated using Google Translate.


English Version


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Cycling to Playa Bane: An Adventure with the "Búhos Bikepackers"

To my nieces and nephews who love travel and adventures filled with unforgettable destinations: I’m writing to tell you about the delightful cycling getaway we took yesterday, Sunday, October 11, 2026.

Our destination was Playa Bane, on the northern coast of Artemisa province—one of those perfect spots for spending a day outdoors. The idea wasn't just to reach the beach and go for a swim, but to enjoy the ride, the company, and whatever else the day might bring. No rushing, no complicated schedules.

For those of us who love bicycle travel—and as I was telling some friends just yesterday—the main charm of cycling is that the journey itself is just as much a part of the experience as the destination.

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Personally, even though I often travel solo, nothing beats traveling as a team; it’s simply more enjoyable. Group travel has other perks, too. Each cyclist brings their own energy, wit, and enthusiasm, turning the ride into a shared experience that lifts everything to a new level—like a giant hot-air balloon carrying the whole group along.

You don’t need to organize a complex expedition or spend a fortune to enjoy a great adventure like this one.

Don't you agree?

Beach, Soccer, and Sandcastles

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So, once we arrived at Playa Bane, we let the day unfold without a care in the world. The sea was waiting for us, and we had hours ahead to enjoy the beach, chat, play, and bond with our fellow riders. After the ride, there’s nothing better than swapping the physical exertion of pedaling for the seawater, the shifting sands, and the coastal tranquility.

When you arrive at the sea, you’re carrying the weight of life's various trials... but you leave feeling renewed, changed, and invigorated.

The day had a little bit of everything. We also organized a soccer match, because for cyclists, it’s not all about pedaling for miles. Ideas like this always pop up—a chance to get moving, share a laugh, and see who has the best ball skills.

For the rematch, the cry went out: "No rules!" And those great, caveman-like athletes lunged for the ball across the rugged, makeshift pitch.

I watched from the water, letting myself drift with the refreshing sway of the waves—something I’d been needing for a couple of weeks.

Since fun knows no age, a group of girls also set about building sandcastles. It might seem like a simple activity, but that’s precisely where much of the joy of group travel lies: sharing uncomplicated moments, setting aside daily worries, and—for a few hours—reclaiming the spontaneity we so often lose amidst the obligations of daily life and the masks we wear every day.

Between the sea, the soccer, the sand, and the conversation, time slipped by almost unnoticed. Bane Beach became our own little space of freedom.

The "Búhos" Stew: Cooking Together Is Part of the Journey

If anything truly capped off our excursion, it was the caldosa—a hearty stew—that we all prepared together. It was time for our inner MasterChefs to shine. And this time, I can honestly say that everyone pitched in. Although it might seem like a miracle even greater than the parting of the Red Sea—and unlike the spaghetti dinner at Ojo de Agua—this time Suey actually did some work.

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Guys and girls, I really believe that cooking a stew together is part of the journey, too. A cycling trip might offer stunning scenery and a wonderful beach, but when it comes time to share a meal, a whole new dimension of the trip emerges: the camaraderie. Other senses come into play... and we savor the getaway all the more. We got to work and managed to prepare a fantastic caldosa—a hearty, soupy stew—in just two hours. There were about twenty of us bikepackers. To cook it, we needed a larger pot than the one we had reserved, but thanks to the kindness of a local resident who lent us one, we were able to pull off our little large-scale culinary project.
That simple gesture deserves to be part of this story, because travel is also about encounters with people who—without knowing us well—lend a hand and help make the day even better.
When the caldosa was finally ready and we discovered just how delicious it was, the satisfaction was twofold: we enjoyed the meal and the work we had accomplished together.

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It was the best caldosa I have ever tasted!
That caldosa was much more than just a meal; it was part of the adventure and a testament to how creativity and collaboration can turn a simple outing into a memorable experience.

Afternoon falls: time to return to Havana

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As with good excursions, the day ended up coming to an end almost without us realizing it. After enjoying the sea, football, sand castles and our wonderful broth, it was time to pack our things and prepare to return.
At sunset we headed back to Havana. We left Playa Bane behind, but we took with us the conversations, the laughter and the satisfaction of having shared a different day. The bicycle had been our means of transportation, although during the day we had found many other ways to enjoy the trip.
This excursion to Bane Beach was one of those getaways that I really enjoy: cycling, nature, friends and the freedom to dedicate a Sunday to doing what we like most. As I told you, about twenty cyclists left from Havana wanting to have a good time and we returned more full of life and new memories shared in the trunk of backpacker treasures.

I wish you many trips to beaches full of friends…

Yours,
Uncle Lucio the Traveler.


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