Excursión a Ojo de Agua en bicicleta: río, cuevas y amigos bikepakers en Cuba (Es-En)

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Excursión a Ojo de Agua en bicicleta: río, cuevas y amigos bikepakers en Cuba

Sobrinas y sobrinos de esta #comunidad viajera, ayer nos regalamos una excursión super cool en Bicicleta a Ojo de Agua, en el Río Ariguanabo, en San Antonio de los Baños, provincia Artemisa, Cuba.
Mi amigo Dayner llegó a mí con la recomendación que le habían hecho sobre Ojo de Agua. ¡Ya teníamos un nuevo destino!

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La jornada comenzó en la Fuente del Hospital Frank País, en La Lisa, La Habana. Allí nos reunimos siete compañeros con las bicicletas preparadas y las ganas de salir a descubrir un nuevo lugar (aunque dos o tres ya lo conocían). Otros dos colegas se incorporaron más tarde, así que la aventura terminó reuniendo a nueve ciclistas dispuestos a disfrutar de la naturaleza y de la buena compañía.
Nuestro destino era Ojo de Agua, en la carretera a San Antonio. Según el mapa, nos esperaban unos 17 kilómetros de recorrido desde el punto de encuentro, una distancia que para muchos puede parecer poca cosa, pero que tiene un sabor especial cuando se hace en grupo. Porque viajar en bicicleta no consiste solamente en avanzar kilómetros, sino también en compartir el camino, conversar mientras pedaleamos, intercambiar experiencias y descubrir que siempre hay algo interesante que aprender de quienes ruedan a nuestro lado.

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Durante la ruta conversamos de muchísimos temas, aunque, como era de esperar, la bicicleta ocupó una buena parte de nuestras conversaciones. Hablamos de experiencias, de recorridos, de aventuras y de esa pasión que nos lleva a preparar una salida incluso cuando el cuerpo pide descanso.
Y así, entre pedaleos y conversaciones, nos fuimos acercando a nuestro destino.

Ojo de Agua, río Ariguanabo

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Ojo de Agua es uno de esos lugares que invitan a detenerse y disfrutar del entorno. Su atractivo está relacionado con el agua, la vegetación y las posibilidades de pasar una jornada al aire libre, especialmente para quienes disfrutan de las excursiones, los baños en el río y las pequeñas aventuras que nos regala la naturaleza; bajo la inmensa bóveda de árboles.

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La zona se encuentra en el entorno de San Antonio de los Baños y del río Ariguanabo, en la actual provincia de Artemisa. Este río forma parte de la identidad histórica y natural de la región. De hecho, los baños en sus aguas fueron tan conocidos que contribuyeron a dar nombre a la villa de San Antonio de los Baños, fundada en el siglo XVIII y célebre también por su tradición cultural y humorística.
El Ariguanabo tiene, además, una particularidad geográfica que despierta la curiosidad de los amantes de la naturaleza. Su recorrido está relacionado con un sistema de aguas subterráneas y formaciones cársicas, y en San Antonio de los Baños el río desaparece bajo tierra en la conocida Cueva del Sumidero. Este fenómeno forma parte de la singularidad del paisaje de la región y del interés que despierta entre quienes estudian o disfrutan de la espeleología.

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Este lugar es un excelente sitio para hacer excursiones en Bici desde la Habana por sus características tan definidas: se haya bien cerca de la capital cubana, no existen pendientes de ningún tipo, por lo que el nivel de exigencia es mínimo, puedes llegar en tu Bici por un camino limpio hasta el mismo sitio, donde hay encargados que cuidan del parqueo…
Además, el entorno es súper agradable para acampar, con grandes árboles, asientos, mesas, cocina de leña donde podéis preparar el almuerzo a vuestro gusto, agua potable, baños sanitarios, y una cafetería donde venden los clásicos enlatados y algunas chuches. Bar al que los muchachos y muchachas del grupo visitaron de manera recurrente.

Un chapuzón en el río

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Una vez instalados, comenzamos el disfrute de todo aquello que habíamos ido a buscar. Nos bañamos en el río, aprovechando esa sensación maravillosa de dejar atrás el calor y refrescarnos en contacto directo con la naturaleza. Hubo quien se sentó a meditar en el infinito de las cosas y la pequeñez de nuestra humanidad; Ja, ja, ja.
Lo cierto es que yo les permití a los demás que se bañasen, vaya, les dejé el río Ariguanabo para ellos solos, y así acompañarles desde la orilla. El agua estaba helada. Le entraba con ganas terribles y ambiciosas que se esfumaban al instante. Por eso me dediqué a tomar algunas fotos que os dejaré en la galería al final de esta página.
Ya, serio. Para mí, estos momentos tienen un encanto particular. En los viajes mochileros no siempre necesitamos Monumentos Famosos, Pirámides Egipcias o lugares que aparezcan en todas las guías turísticas. Muchas veces, un río rodeado de vegetación puede ofrecernos esa experiencia mucho más auténtica que cualquier destino de moda. Lo importante es llegar con curiosidad, saber disfrutar de lo sencillo y compartirlo con personas que tengan las mismas ganas de vivirlo.
Por suerte para mí: me encontraba bien acompañado.

Cueva de Ojo de Agua

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También visitamos una cueva de la zona. Es una de esas inmensas grietas hechas por el accionar soberbio de las aguas subterráneas y su cauce magnífico.

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Explorar estos espacios naturales nos recuerda que el paisaje cubano guarda muchas sorpresas, incluso en lugares relativamente cercanos a la capital. Las formaciones rocosas, los rincones sombríos y la presencia del agua nos invitan a mirar el entorno con otros ojos, y a comprender que todavía hay mucho por conocer en esta pequeña isla.

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El puente colgante

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Si algo no faltó durante nuestra visita a Ojo de Agua fueron las ganas de divertirnos. Uno de los atractivos que disfrutamos fue el puente colgante, desde el que se lanzaron al agua varios de los chicos y chica. La experiencia tenía esa mezcla de emoción, nervios y carcajadas. Esta vez yo estaba calmado. No quería pasar por loco en este nuevo grupo que acabo de conocer.

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Algunos Bikepakers fueron todavía más atrevidos y se lanzaron utilizando una cuerda amarrada a un árbol. Desde luego, cada cual tiene su manera de disfrutar de la aventura, y en un grupo siempre aparece un loco como Dayner y Brian, dispuesto a probar algo diferente.
Lo bonito era que no estábamos compitiendo por ver quién era el más valiente. ¿Vale? Estábamos compartiendo una jornada entre amigos, disfrutando de todas las posibilidades que nos ofrecía el lugar; y riéndonos juntos.

Una spaguettada con sabor a gloria

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Después de tanto baño, tanto salto y tanta actividad, llegó el momento de atender una necesidad fundamental de cualquier excursión: ¡comer!
Como ya os había dicho, en el lugar existe una cocina para leños y te prestan cazuelas si las necesitas. Nosotros llevamos una para hacer la salsa y nos prestaron otra mayor para hervir el agua. Como todos habíamos cargados algunos ingredientes para este almuerzo, todo estaba dispuesto.
Preparamos una buena spaguettada. Unos buscamos leños, otros fregaron, otros cocinaron, prepararon lo necesario…
Llegada la hora anhelada, nos sentamos a disfrutarla. Y cuando digo disfrutarla, quiero decir que comimos como salvajes –en especial, el señor David, que no supe imaginar donde guardó tanta pasta.
La comida compartida tiene algo que me encanta. No importa demasiado si estamos en un restaurante, en una casa, en un parque o a la orilla de un río. Cuando las personas se sientan juntas, comen, conversan y se ríen, se crea una complicidad que difícilmente se consigue de otra manera.
Vaya, que el estómago cumple bien su función de comunicacional.
En nuestras excursiones, una comida sencilla puede convertirse en uno de los mejores momentos del día. No necesitamos grandes preparativos ni platos sofisticados. A veces basta una olla de spaguetti, algo para acompañar y un grupo de personas hambrientas, sí, pero aun más, con ganas de compartir.

Durante la jornada hablamos de muchas cosas, pero la bicicleta estuvo presente una y otra vez. No podía ser de otra manera: nos habíamos reunido precisamente gracias a esa pasión común que nos empuja a salir, explorar y descubrir nuevos caminos.
Conocer a otros viajeros es mi regalo favorito; siempre resulta enriquecedor. Cada persona tiene sus propias experiencias, sus rutas preferidas, sus maneras de resolver los problemas que aparecen durante una salida y sus proyectos para el futuro.
Algunos disfrutan de las excursiones de un día; otros sueñan con atravesar provincias enteras o recorrer países llevando todo lo necesario sobre la bicicleta, o sobre las espaldas.
En mi caso, me identifico con ese espíritu viajero que no necesita demasiadas cosas para salir a descubrir el mundo. Me gusta caminar, pedalear, conocer lugares, compartir con otras personas y dejar que cada experiencia me enseñe algo nuevo.
Por eso agradezco haber coincidido con el grupo que Dayner encontró y al que me sumó. Aquella excursión no fue solamente una salida para bañarnos en el río. También fue una oportunidad para conocer nuevos viajeros, intercambiar ideas y abrir la puerta a futuras aventuras.

Adiós Ojo de Agua, ya regresaremos

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Ojo de Agua fue el escenario de una jornada sencilla, pero llena de vida. Una excursión de esas que nos recuerdan que no hace falta tener mucho dinero, grandes recursos ni demasiado tiempo libre para disfrutar de la naturaleza. A veces basta organizarse, preparar la bicicleta y reunir a unos cuantos amigas y amigos con ganas de rodar.
Gracias, Búhos Bikepackers, por haberme aceptado en vuestro grupo. Quién sabe cuántos caminos nos esperan todavía.

Hasta que nos volvamos a encontrar.

Vuestro,
Tío Lucio el Viajero.


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Familia viajera, gracias por leer mis aventuras.
El texto original es en español, traducido con Google Translate.
Todas las imágenes son mías tomadas con mi cel Tecno Camon y mi cámara Nikon D3000.
Yo disfruto leer vuestros relatos.

Fellow travelers, thanks for reading about my adventures.
The original text is in Spanish and was translated using Google Translate.
All images are my own, taken with my Tecno Camon phone and my Nikon D3000 camera.
I enjoy reading your stories.


English Version


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Bicycle Excursion to Ojo de Agua: River, Caves, and Bikepacking Friends in Cuba

To the nieces and nephews of this traveling #community: yesterday, we treated ourselves to a super cool bicycle excursion to Ojo de Agua—located on the Ariguanabo River in San Antonio de los Baños, Artemisa Province, Cuba.
My friend Dayner came to me with a recommendation he’d received about Ojo de Agua. We had a new destination!

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The day began at the Frank País Hospital fountain in La Lisa, Havana. Seven of us gathered there with our bikes ready and an eagerness to discover a new place (though two or three had already been there). Two other friends joined us later, so the adventure ended up bringing together nine cyclists ready to enjoy nature and good company.
Our destination was Ojo de Agua, on the road to San Antonio. According to the map, a 17-kilometer ride awaited us from the meeting point—a distance that might seem insignificant to many, but takes on a special flavor when done as a group. After all, traveling by bike isn't just about covering kilometers; it’s about sharing the journey, chatting while we pedal, exchanging experiences, and discovering that there is always something interesting to learn from those riding alongside us.

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Along the route, we talked about all sorts of topics, though—as you might expect—bicycles took up a good portion of the conversation. We spoke about experiences, routes, adventures, and that passion that drives us to plan an outing even when our bodies are asking for a rest.
And so, amidst pedaling and conversation, we drew closer to our destination.

Ojo de Agua, Ariguanabo River

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Ojo de Agua is one of those places that invites you to stop and enjoy the surroundings. Its appeal lies in the water, the vegetation, and the chance to spend a day outdoors—especially for those who enjoy excursions, river swims, and the little adventures nature offers beneath a vast canopy of trees.

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The area is located near San Antonio de los Baños and the Ariguanabo River, in what is now Artemisa province. This river is integral to the region's historical and natural identity; in fact, bathing in its waters was so renowned that it helped give the town of San Antonio de los Baños—founded in the 18th century and famous for its cultural and humorous traditions—its name.
The Ariguanabo also boasts a unique geographical feature that intrigues nature lovers. Its course is linked to a system of underground waters and karst formations; at San Antonio de los Baños, the river vanishes underground into the well-known Cueva del Sumidero (Sinkhole Cave). This phenomenon contributes to the region's unique landscape and attracts those interested in or passionate about speleology.

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It is an excellent destination for a cycling trip from Havana, thanks to its distinct characteristics: it is very close to the Cuban capital, the terrain is completely flat (making the ride undemanding), and you can cycle along a clear path right to the site, where attendants look after the bicycle parking.
Furthermore, the setting is perfect for camping, featuring large trees, benches, tables, and a wood-burning stove where you can cook lunch to your liking. Amenities include potable water, restrooms, and a snack bar selling classic canned goods and treats—a spot the young people in our group visited frequently.

A dip in the river

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Once we were settled in, we began to enjoy everything we had come there to experience. We took a dip in the river, savoring that wonderful feeling of leaving the heat behind and cooling off in direct contact with nature. Some even sat down to meditate on the infinity of things and the smallness of our human existence—ha, ha, ha.
The truth is, I let the others do the swimming—I basically left the Ariguanabo River all to them—while I kept them company from the bank. The water was freezing. I’d approach it with fierce, ambitious intent, only for that resolve to vanish instantly. So, I focused on taking a few photos, which you’ll find in the gallery at the bottom of this page.
But seriously, these moments hold a special charm for me. When backpacking, we don’t always need famous monuments, Egyptian pyramids, or places that appear in every guidebook. Often, a river surrounded by greenery can offer an experience far more authentic than any trendy destination. What matters is arriving with curiosity, knowing how to enjoy the simple things, and sharing the moment with people who are just as eager to experience it.
Luckily for me, I was in great company.

Ojo de Agua Cave

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We also visited a cave in the area. It is one of those immense cracks made by the superb action of groundwater and its magnificent channel.

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Exploring these natural spaces reminds us that the Cuban landscape holds many surprises, even in places relatively close to the capital. The rock formations, the shadowy corners and the presence of water invite us to look at the environment with different eyes, and to understand that there is still much to know on this small island.

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The suspension bridge

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If something was not missing during our visit to Ojo de Agua, it was the desire to have fun. One of the attractions we enjoyed was the suspension bridge, from which several of the boys and girls jumped into the water. The experience had that mixture of excitement, nerves and laughter. This time I was calm. I didn't want to look crazy in this new group I just met.

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Some Bikepakers were even more daring and launched themselves using a rope tied to a tree. Of course, everyone has their own way of enjoying the adventure, and in a group there always appears a crazy person like Dayner and Brian, willing to try something different.
The nice thing was that we weren't competing to see who was the bravest. Okay? We were sharing a day with friends, enjoying all the possibilities that the place offered us; and laughing together.

A spaghettada with a taste of glory

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After so much swimming, so much jumping and so much activity, it was time to attend to a fundamental need of any excursion: eating!
As I had already told you, there is a kitchen for logs in the place and they lend you pots and pans if you need them. We took one to make the sauce and they lent us a larger one to boil the water. Since we had all loaded up some ingredients for this lunch, everything was set.
We prepare a good spaghettada. Some of us looked for logs, others scrubbed, others cooked, prepared what was necessary...
When the desired time arrived, we sat down to enjoy it. And when I say enjoy it, I mean that we ate like savages – especially Mr. David, who couldn't imagine where he kept so much pasta.
There's something about shared food that I love. It doesn't matter too much if we are in a restaurant, in a house, in a park or on the bank of a river. When people sit together, eat, talk and laugh, a complicity is created that is difficult to achieve in any other way.
Wow, the stomach fulfills its communication function well.
On our excursions, a simple meal can become one of the best moments of the day. We don't need big preparations or sophisticated dishes. Sometimes a pot of spaghetti is enough, something to accompany it and a group of hungry people, yes, but even more so, eager to share.

During the day we talked about many things, but the bicycle was present again and again. It couldn't be any other way: we had come together precisely thanks to that common passion that pushes us to go out, explore and discover new paths.
Meeting other travelers is my favorite gift; It is always enriching. Each person has their own experiences, their preferred routes, their ways of solving problems that arise during an outing and their plans for the future.
Some enjoy day trips; Others dream of crossing entire provinces or traveling through countries carrying everything they need on their bicycle, or on their backs.
In my case, I identify with that traveling spirit that doesn't need too many things to go out and discover the world. I like to walk, pedal, see places, share with other people and let each experience teach me something new.
That is why I am grateful to have coincided with the group that Dayner found and joined me. That excursion was not just an outing to swim in the river. It was also an opportunity to meet new travelers, exchange ideas and open the door to future adventures.

Goodbye Ojo de Agua, we'll be back

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Ojo de Agua was the scene of a simple day, but full of life. One of those excursions that reminds us that it is not necessary to have a lot of money, great resources or too much free time to enjoy nature. Sometimes it is enough to get organized, prepare the bike and gather a few friends who want to ride.
Thank you, Búhos Bikepackers, for accepting me in your group. Who knows how many paths still await us.

Until we meet again.

Yours,
Uncle Lucio the Traveler.



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