Se considera como embarazo cronológicamente prolongado a aquél que sobrepasa las 42 semanas o 294 días contados a partir del primer día de la fecha de última regla. Entendiendo esto se puede aclarar la importancia de llevar la cuenta del embarazo según las semanas y no según los meses de gestación para evitar confusiones -Además de tener siempre a la mano la primera ecografía, durante el embarazo esta es casi un documento de identidad.-
Realmente no existe una razón específica para que la gestación sobrepase las 42 semanas. Existen trabajos que han expuesto ciertos factores maternos como la edad, el antecedente de gestas prolongadas, el nivel socioeconómico o incluso la raza como predisponentes, pero ninguno es tanto como un determinante.
Una de las teorías más aceptadas explica que los fetos con trastornos del desarrollo como la Anencefalia suelen prolongar la gestación, ya que no podrán cumplir de forma correcta con los llamados Reflejos de Ferguson que consisten básicamente en que cuando el embarazo está llegando a término, el feto se posiciona para su salida y su cabeza comienza a generar presión en el segmento inferior del útero, generando distensión o estiramiento del cuello además de una respuesta dolorosa que favorecerá el inicio de las contracciones.
También está la llamada "Teoría de Liggins" que indica que un déficit de sulfatasa placentaria, trastorno recesivo ligado al cromosoma X, parece determinar que el parto sea tardío. Este es un fenómeno que ocurre mayormente en fetos con aplasia congénita de la adenohipófisis y la consiguiente hipoplasia de las glándulas suprarenales, además de la misma anencefalia.
Esta teoría indica que de alguna forma es el feto el que decide cuando terminar el embarazo, ya que señala directamente que es la carencia del estímulo hormonal por parte del feto la que parece entorpecer el inicio oportuno del trabajo de parto.
Todo tiene su tiempo de vida útil y lo mismo sucede con los elementos que acompañan al feto en la vida intrauterina. Es por eso que una gestación de más de 42 semanas puede traer consigo cambios en la placenta y el líquido amniótico que podrían comprometer el bienestar fetal.
“Feto, membranas, cordón y placenta forman durante la vida intrauterina una unidad orgánica indivisible y la enfermedad de una de las partes afecta a las otras”. Ballantyne, 1892
La placenta suele tornarse "senescente" o envejecida, esto incluye una disminución de su espesor a menos de 20 milímetros, disminución del diámetro y longitud de las vellosidades coriónicas, que condicionan la aparición de depósitos de fibrina, y calcio con la consiguiente calcificación de algunos espacios y la formación de "lagos sanguíneos" que aparecen entre las vellosidades.
Todo esto se traduce a una disminución de la capacidad funcional placentaria, que condicionará la aparición del síndrome de hipermadurez.
En cuanto al líquido amniótico, es sabido que este alcanza su nivel máximo a las 32 semanas, se mantiene estable y posteriormente comienza a descender sus niveles luego de las 39 semanas. La pérdida es variable, pero se estima que sea de 8-33% por semana, dando como resultado al menos unos 150 ml menos por semana.
Esto generaría un trastorno que se conoce como Oligohidramnios y se caracteriza por un volumen de líquido amniótico inferior a la necesaria (algunas literaturas describen <300ml, otras hablan de <500ml) que pueden generar consecuencias para el feto como la compresión del cordón umbilical, retardo del crecimiento fetal, y mayor tendencia a comprometer el bienestar fetal.
Aunado a eso, el líquido amniótico que se ha "añejado", se torna opaco, adoptando una apariencia lechosa con grumos, además de que se corre mayor riesgo de que se libere meconio y ocurra el llamado "Síndrome de aspiración meconial" que representa una gran variedad complicaciones fetales como neumonítis química o hipertensión pulmonar.
Lo principal será mantener la calma. Así como se describen las posibles complicaciones, también hay muchas literaturas que describen que en ocasiones la gestación se prolonga porque el feto necesita más tiempo para cumplir su correcto desarrollo, por lo que un embarazo de 42 semanas NO necesariamente significa un feto con resultados patológicos.
Aunque hay quienes prefieren interrumpir el embarazo por vía alta -cesárea- a las 41 semanas para evitarse complicaciones, por protocolo, el médico debe tener una conducta expectante, que consistirá en realizar pruebas específicas a la gestante que garanticen que no hay alteraciones de la función placentaria, la cantidad de líquido amniótico o el bienestar fetal. Estas comienzan a realizarse por semana cuando el embarazo llega a las 38-39 semanas, y pasa a ser cada tres o cuatro días de la semana 40 en adelante.
Fuentes consultadas: