Aquí va mi doctorita con su enorme corazón
Su sonrisa garantiza mejorar tu condición
Con besitos quita males, con gracia aleja el temor
Y entre cada pataleta procura darte lo mejor
Me cuida y me canta bonito, tenerla cerca es una bendición
Nunca nunca me abandona y sabe que para ella estoy
Vivo en casa de su abuela desde que me mudé al pueblo. Aunque tuvimos un duro inicio, Ámbar y yo somos ahora muy buenas amigas. Ella me acompaña durante las tardes y disfruta usar mi "etestocopio" para vigilar que todo esté bien con su osito además de ver Los Simpsons a mediodía y visitarme en el hospital cuando estoy de guardia, también le gusta jugar con un viejo teclado a que está haciendo nuestra tesis. Gracias Ámbar por estar, qué bonita es la vida a los 3 años de edad
Fotografía del autor.