Cerré los ojos mientras se cerraba la puerta. Tenía tiempo suficiente, y tomaría el que fuera necesario para encontrar lo que estaba buscando.
Estaba anonadada, soy una veterana del desastre así que era casi imposible que aquellos archivos fueran mis recuerdos.
No tardé en comenzar a curiosear y tomé una carpeta del primer pasillo para comenzar a ver. Hablaba de prótesis, placas y clavos, traía recuerdos de la primera vez que presenté un caso en una revista médica como estudiante en el área de traumatología, no pude más que reírme de la mezcla de terror y nerviosismo que había en mi cara esa vez.
La siguiente carpeta que tomé del pasillo frente al anterior contaba la historia de una anciana con muchas complicaciones respiratorias, era una carpeta muy gruesa que relataba detalladamente una vida larga, era el recuerdo de mi bisabuela en sus muchas recaídas y traía consigo el de las miles de reuniones en uno de los lugares más felices que guarda mi memoria, el patio lleno de helechos de su vieja casa que para el día de hoy está abandonada.
Emocionada, tomé dos más de ese mismo pasillo, pero me di cuenta de que me terminaría quedando ahí para siempre si intentaba leer detenidamente historia por historia. Además, aun cuando esos recuerdos me llenaban de alegría, no eran lo que yo estaba buscando.
Porque los recuerdos bonitos no son los que terminan quitándonos el sueño por las noches.
La cantidad de pasillos era increíble y ni hablar de los estantes a punto de explotar por las miles de carpetas, cada una con recuerdos diferentes, que parecían de vidas pasadas. Al mismo tiempo me sentía un poco asfixiada, todo aquello estaba contenido en una pequeña sala y ya llevaba algo de tiempo buscando. Seguí explorando para no entrar en crisis.
Tome otra, esta empezaba con un Test Pack o prueba de embarazo positiva luego de varios años, y me llevó de regreso a aquel abrazo y a la ola de amor que me cayó cuando supe que sería tía de nuevo. Tenía detallado cada mes de gestación y a mis recuerdos de estar contando los días en un lado. Junto a esa estaba otra que también tenía un Test pack pero esta vez era negativo, que me recordó el alivio luego de aquel retraso que vino después de mi accidentada primera vez.
La siguiente carpeta pintaba interesante, pero no me detuve a leerla, el recuerdo del primer amor me seguía rondando y sabiendo la forma en que terminó todo, supuse que esa no era el tipo de historia que terminaría archivando en aquellos pasillos junto al olor del café de mi abuela o las veces que le canté a Alanis estando en el vientre de su mamá y surgió una interrogante:
Seguían en mi memoria, pero no había encontrado ninguno en esos estantes tan bien organizados. Como sospeché, lo que estaba buscando estaba mucho más allá de aquellos pasillos y la misión ahora era encontrarlos, no me iría de ahí sin saber que había hecho con ellos.
Luego de un buen rato dando vueltas – en círculos probablemente – Encontré una puerta abierta... ¡Bingo! El cuarto tenía el aspecto que imaginé que tendría el lugar al que llevaría a morir las historias que ya no quería en mi cabeza. Pero eran demasiadas, habían unos cuantos estantes, pero en su mayoría estaban apiladas, sucias e incluso contaminadas. Lo que me estaba molestando definitivamente estaría ahí, ese era el lugar al que mi curiosidad quería llevarme desde el primer momento y luego de años sin darle una visita, era ahora tiempo de comenzar a revisar.
El ambiente era pesado, estaba lleno de despedidas, peleas y malos ratos, pero puedo jurar que sentí como si hace tiempo me hubieran estado esperando. Cada tanto les doy una vuelta pero había pasado mucho desde la última vez y confieso que hace años no me tomo la molestia de mirarlas siquiera, parecía que mi subconsciente solo entraba ahí a tirar nuevas carpetas para luego retirarse.
Luego de buscar y leer me sentí apenada, muchas de esas historias no merecían haber sido apiladas y olvidadas. Era como si desde hace tiempo quisieran darme una explicación, merecían el beneficio de la duda, ser vistas desde otro punto, una segunda opinión, algo diferente al veredicto de mi inquebrantable orgullo... Y era eso lo que me había estado atormentando.
No iba a reconciliarme con todas, pero me senté a leer las que pude y afortunadamente muchas tenían páginas en blanco que me servirían para crear nuevas historias y espacio suficiente para poder escribir nuevos recuerdos en ellas. El peso se fue aplacando y yo tenía ahora una pila de hojas, sin más que buscar caminé hasta la puerta y me aseguré de cerrarla.
Todo estaba en calma y ahora podía regresarme a descansar.
El cementerio de historias es real fuera de mi consciencia, es el lugar a donde llevan las historias de personas fallecidas y todo lo que ya no funciona en el hospital. Sabía de su existencia pero no tenemos acceso a el durante el día. A penas pude fui a conocerlo y su aspecto me inspiró a escribir la historia que hoy les traigo.
Todas son imágenes de mi autoría, tomadas con mi teléfono "inteligente". Muchas gracias a todos por leer. ¡Besitos!