A propósito del día del padre...

ths(55)
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Conocí al hombre perfecto antes de poder siquiera guardar recuerdos, no se que aspecto tenía ese día pero puedo asegurarles que fue el mismo que ha tenido siempre: cabello bien peinado, una camisa planchada a la perfección, un perfume que hacía imposible que fuera ignorado y las manos impecables.

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Además de eso, el hombre perfecto era el alma de la fiesta, el protagonista, el tipo que siempre tiene algo sobre qué conversar.

Pasaron años desde que nos conocimos, y me sentía más segura acompañada del hombre perfecto que incluso de mi propia madre. Era mi cómplice, y confiaba en el cómo en nadie aun cuando más de una vez me hubiera fallado. Después de todo, él era el hombre perfecto, cualquier error era pequeño y podía ser ignorado.

Mi mamá dice que mis celos ya eran inaguantables, y es que yo no quería a ninguna cerca, y a veces para bromearme, el hombre perfecto fingía cortejar amigas, piropear extrañas y decir que algún día saldría en busca de una novia. Pero sin importar cuantas veces lo hiciera o lo mucho que me molestara, en el fondo yo sabía que él no iba a cambiarme por ninguna de esas, el hombre perfecto no hacía más que presumirme... Jamás iba a dejarme.

Para toda mujer siempre es importante sentirse bonita a lo largo de toda su vida y el hombre perfecto lo sabía completamente, no recuerdo un día en que no hiciera un cumplido, o hiciera algo para hacerme ver que para mí siempre tendría espacio aún cuando me dejara esperándolo por horas o se ausentara en una que otra fecha importante.

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Como esa vez que olvidó que debía buscarme en la escuela de baile cuando saliera del trabajo y lloró conmigo cuando me encontró sentada solita en la puerta, tal vez porque le dije que yo sabía que no me iba a abandonar, o tal vez porque sabía que mi mamá iba a matarlo.

Recuerdo que quien me cuidaba por las tardes, me decía a menudo - obviamente en broma y sin ningún tipo de mala intención -que no sería reina de la escuela por tener sobrepeso, y por supuesto que mi corta edad me impidió evitar tomármelo a pecho. Tan despreocupado como siempre, el hombre perfecto me llevó por un refresco y galletas, como todas las tardes y me convenció de que no había nada que no pudiera hacer con o sin esa barriguita.

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Y de hecho lo hice... Fui la reina del primer grado con el sombrero más raro que había pisado la escuela.

Aunque el pintaba la mía, su vida no era precisamente de colores, estaba invirtiendo todo su dinero en un nuevo proyecto y en un punto en el que su matrimonio parecía no tener retorno, lo tomó por sorpresa una enfermedad extraña. Pasó un mes en el hospital y al menos la mitad de ese tiempo en coma, para cuando despertó había perdido toda su inversión, al igual que varios años de su memoria.

Pero todavía me tenía, y al resto de la familia. Poco a poco volvieron sus cualidades, con uno que otro esfuerzo, y aunque yo me sentía más que agradecida de ver que estaba de regreso, pronto me daría cuenta de que algo andaba mal… El hombre perfecto ya no sería el mismo.

Los años pasaron, cada uno más difícil al anterior. Yo seguía creciendo y cambiando la forma de verlo, ya no era una niña, me costaba entender el porqué de sus acciones mientras lidiaba con los problemas alrededor, y aunque su aspecto seguía luciendo impecable, se me hacía imposible relacionarlo con la persona que había sido poco tiempo atrás. El hombre perfecto se había desplomado como quien deja caer el balón en pleno campeonato mundial.

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Parecía imposible seguir admirando a quien decidió no pelear solo su propia batalla. ¿Me había abandonado realmente?¿Tenía yo derecho a juzgarlo?

Fue el mismo tiempo el que me hizo entenderlo todo de a poco… El hombre perfecto no existía, y mi papá estaba lejos de serlo, aún cuando yo lo adorara, aún cuando fuera impecable. Fue siempre un simple humano, intentando sobrellevar la vida adulta, luchando para adaptarse a cada cambio, llevando a cuestas todo lo pasado y dando lo mejor de si mismo para tratar de mantenerse en pie.

Admito que el tiempo no ha borrado ciertos recuerdos de esos días, pero le agradezco a la vida el haber tenido la oportunidad de crecer al mismo tiempo que lo hacía mi padre. De ver por completo sus facetas, de aprender las más valiosas lecciones, de inspirarme por completo a convertirme en quien soy hoy en día.

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Papá jamás fue perfecto, y no necesitaba serlo. Decidió no ser el héroe, todo lo contrario, fue un soldado que se puso a mi nivel y a su manera peleó a mi lado. Nunca amé tanto a mi papá como cuando pude verlo caer y levantarse. No cambiaría nada de ninguno de esos días.


A propósito del día del padre, recordé que aún no había dedicado ninguna publicación al tipo más importante de mi vida. Todas son fotos personales "recapturadas" por mi. ¡Gracias a todos por leer!

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