El domingo 21 de Junio fue la primera vez que paso un día del Padre, sin mi padre. Hubieron muchos sentimientos encontrados y entre su ausencia también hubo un poco de calma.
En casa siempre nos preocupamos más por celebrar el día del Padre, esto porque mi papi siempre estaba al pendiente de hacer algo especial para el día de las madres y para cualquier cumpleaños. Así que era una responsabilidad y forma de ser agradecidos, de ocuparnos de él.
Papá demostró siempre un gran amor por toda su familia. Pudo amarnos a los 10 hijos con profundo amor, aún cuando muchas veces quizás le fallamos o hicimos sentir triste, pues no somos perfectos.
Este domingo, fue tan diferente. Recordé que mis últimas fotos con papá fueron en el hospital y otras en navidad. Por otra parte mis hermanos que también son padres, celebraron su día cada uno en su casa o con su familia. Cuando el año pasado todos estabamos reunidos. Por nuestra parte en casa, celebramos a mi esposo, cuando lo veo y recuerdo a mí papá y cómo fue conmigo, doy gracias a Dios por haber escogido bien para mis hijos, así que ellos también pueden decir como yo decía: que tienen al mejor padre del mundo.
En mi caso nunca me gustó esa costumbre de visitar un cementerio y nunca tuve la necesidad de hacerlo, ni siquiera cuando mis abuelos fallecieron. Pero con papá es diferente y el domingo fui yo quien tomó la iniciativa de decirle a mi hermana y a mi mamá para visitarlo. Le llevamos flores e hicimos bromas, tal cuál él haría, pero también pensamos en su último deseo: nada de flores y nada de visitas al cementerio. Y pensamos que quizás nos estuviera regañando por hacerlo jajaja. Fue un día como dije: cargado de emociones diferentes.