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En ocasiones dos muchachos del barrio ataban a Silvia en una viga de madera para golpearla en gran cantidad llegando al punto de creer que ya la habían matado tras los golpes.
Gertrude no conforme con su actuar empezó a pregonar por todo el barrio que Silvia era una prostituta, que solo había traído problemas con su llegada, era rebelde, todo aquello ocasiono un rechazo total de los vecinos hacia Silvia. Tras ello Gertrude la obligo a redactar una carta en la que contaba escabrosos actos sexuales afirmando de tal manera que era una de ese oficio. La residencia de los Baniszewski se convirtió en el punto de encuentro de varios jóvenes y señoritas que al ver que Silvia soportaba todo tipo de maltrato se ensañaron con ella y le agredían de todas las formas posibles.
Gertrude cierta ocasión portando una aguja al rojo vivo escribió en el abdomen de la niña ‘’SOY UNA PROSTITUTA Y ESTOY ORGULLOSA DE SERLO’’ tras terminar Gertrude la miro a los ojos y le dijo:
- ¿Qué harás ahora?. ya no podrás mostrarte desnuda ante ningún hombre sin que vea esa marca, ya no podrás casarte.
Al parecer para Gertrude el hecho de que Silvia se quedara para siempre sola era un castigo más fuerte que todo el que haya vivido durante ese tiempo, era tanto el odio que sentía por Silvia que la obligaba asentarse a la mesa a la hora de comer para que viera como los demás comían mientras ella lo tenía prohibido, Silvia solo comía galletas saladas y una cantidad de agua durante la semana incluso era obligada a comer sus propios desechos.
Un muchacho del barrio que practicaba judo empezó a usarla como un muñeco de entrenamiento aventándola en diferentes ocasiones a un pequeño colchón era de esperarse que la mayoría de las veces Silvia cayera en el suelo y contra la madera de aquel sótano. Tras todo ese tiempo de maltrato Gertrude obligo a Silvia a redactar una carta más…