En esta nueva rutina de la cuarentena, los días de compra se han convertido en paseos románticos. Mi esposo y yo salimos una vez a la semana a adquirir los alimentos y productos necesarios en casa. Siempre vamos a un abasto que queda a media hora de nuestro hogar caminando, pues no tenemos gasolina. En vez de ser eso un problema, lo vemos como una oportunidad de caminar, respirar aire fresco, conversar alegremente y disfrutar el recorrido. Esa es la única salida que estoy haciendo por los momentos.
Camino a casa
Es increíble, pero cada vez que tenemos que nos toca ir por alimentos, me embarga un poco de emoción, pero es sólo por lo agradable que es hacer cualquier cosa en compañía de mi esposo, es como si el entorno no existiera, únicamente nosotros dos caminando. En el camino conversamos y nos reímos de todo. Siempre parecemos dos novios enamorados. No importa si hace calor o si el trayecto es largo, cuando su mano sujeta la mía, siento que todo está bien. Hasta disfrutamos de los hermosos obsequios que nos brinda la naturaleza por doquier.
Regalos de la naturaleza
No obstante, en nuestras salidas procuramos en extremo seguir las medidas de prevención necesarias para mantenernos protegidos del covid-19. Llevamos nuestro spray con alcohol, tapabocas, lentes, gorra, en lo particular no toco nada en la calle, mi esposo es quien sujeta los productos que adquirimos, además mantenemos el distanciamiento social y no nos acercamos a ningún lugar donde haya aglomeración de personas. Al llegar a casa, nuestros zapatos se quedan afuera, colocamos alcohol en nuestras manos y en todo lo que tocamos. Mi esposo hace una parada en la cocina, para desinfectar y lavar cada producto que hemos traído y yo subo de inmediato a bañarme, para estar segura de limpiar cualquier germen que pueda traer de la calle. Luego mi esposo hace lo mismo. Tenemos dos hermosos hijos que proteger.
Feliz después de una ducha
Después de ducharnos, podemos abrazar a nuestros soles que nos esperan en casa, ellos se quedan esa hora y media, que en promedio tardamos en llegar, jugando y viendo TV. Antes cuando íbamos de compras los llevábamos con la abuela, pero hasta eso ha cambiado esta cuarentena. Igual mi hija ya tiene 12 años y mi hijo 9, ambos han demostrado ser lo suficientemente juiciosos para empezar a asumir responsabilidades, como cuidar de sí por corto tiempo.
La vida es bella, sólo tenemos que aprender a disfrutarla, aunque las cosas no salgan como esperamos. En toda experiencia hay un aprendizaje, que nos ayuda a crecer como individuos y como seres humanos. Tener salud, fe y amor en nuestros corazones, es más que cualquier cosa que pudiéramos desear.
Sueña todo lo que quieras, haz todo lo que te atrevas, llega tan lejos como puedas
Me siento feliz y agradecida de tener este espacio en el que compartir Mi vida.
Gracias a ustedes, quienes dedican tiempo a leerme.
Se les quiere...
Fotografías propias