Recuerdos de septiembre: Un fin de semana perfecto

sweetval(68)
Published in
GEMS
Words
631
Reading
3 min
Listen
Play
42m

A veces asociamos la productividad con listas infinitas de tareas, pero para mí, un fin de semana verdaderamente valioso es aquel que equilibra el aprendizaje, la conexión familiar y el placer de escucharnos a nosotros mismos.

Mi sábado comenzó temprano en mi clase de inglés matutina. Estamos viendo el vocabulario sobre comida y, si me conocen, sabrán lo apasionada (y súper específica) que soy al hablar de mis platos favoritos. ¡No se me escapa ningún detalle!

La conversación estuvo tan entretenida que terminamos debatiendo la verdadera diferencia entre el pasticho y la lasaña. Para cerrar la mañana con broche de oro, mi tía-madrina nos invitó a comer justo eso: un buen pasticho casero, ¿Coincidencia o atracción del destino?

El domingo, en cambio, tuvo un ritmo más íntimo. Fui a misa a solas, un espacio de pausa que suelo compartir con mi mamá para reflexionar sobre la palabra del día. Esta vez sus compromisos del hogar se lo impidieron, pero ese momento a solas me dejó una serenidad hermosa y una determinación muy clara.

Llevaba días soñando con un antojo específico: cachapas con queso de mano, ensalada de repollo y zanahoria con buena mayonesa, y cochino frito. Así que, al salir de la iglesia, decidí atender ese deseo. Caminé hacia los alrededores del mercado periférico y encontré un lugar donde compré un combo de 12 cachapas con un perol entero de queso de mano.

Al final, sacié mi antojo solo a medias porque me faltó la proteína, ¡pero qué sabroso se siente concedernos esos pequeños gustos!

Este fin de semana me recordó que la vida se compone de esto: aprender cosas nuevas, compartir la mesa en familia, regalarse momentos de fe a solas y salir a buscar aquello que nos hace sonreír.

Y tú, ¿cuál fue ese pequeño antojo o momento especial que te hizo feliz este fin de semana? ¡Te leo abajo! 👇

We often associate productivity with endless to-do lists, but for me, a truly valuable weekend is one that balances learning, family connection, and the pleasure of listening to our own inner voices.

My Saturday started early with my morning English class. We were covering food-related vocabulary, and if you know me, you know how passionate—and incredibly specific—I get when talking about my favorite dishes. I don't miss a single detail!

The conversation was so engaging that we ended up debating the real difference between pasticho and lasagna. To top off the morning perfectly, my godmother-aunt invited us over for exactly that: a delicious homemade pasticho, Coincidence, or a twist of fate?

Sunday, on the other hand, had a more intimate pace. I went to Mass alone—a quiet pause I usually share with my mom to reflect on the day's message. This time, household commitments kept her from joining me, but that solitary moment left me with a beautiful sense of serenity and a very clear sense of purpose.

For days, I’d been craving something specific: cachapas with queso de mano (fresh hand-shaped cheese), cabbage and carrot salad with good mayonnaise, and fried pork. So, after leaving church, I decided to satisfy that craving. I walked over to the area near the local market and found a spot where I bought a combo deal: 12 cachapas and a huge heap of queso de mano.

In the end, I only partially satisfied the craving because I was missing the protein, but it feels so good to treat ourselves to those little pleasures!

This weekend reminded me that life is made of moments like these: learning new things, sharing a meal with family, gifting ourselves moments of faith in solitude, and going out to find the things that make us smile.

And you—what was that little treat or special moment that made you happy this weekend? Let me know below! 👇