Hace unos meses publiqué en Instagram y Facebook la reseña —breve, por supuesto— de una vivencia que tuve en un autobús de transporte público. En esta ocasión, por la receptividad que tuvo el texto en mis redes, me gustaría compartirlo con ustedes.
Quiero aclarar un detalle, antes que comiencen a llorar conmigo: No era mi primera vez. Y me refiero a mi primera experiencia usando el transporte público. En Venezuela (específicamente en Maracaibo), usar los buses, 'carritos por puesto', o lo que sea que te pueda llevar de un lugar a otro es lo más común del mundo. Lo que no es común es tener una buena percepción de ellos. Más adelante les mostraré alguna foto para que tengan una idea los que no viven acá. Los que sí, ya sabrán a lo que me refiero.
Sin dar más largas al asunto, aquí les dejo el texto tal como lo escribí en aquella ocasión.
¿Qué tan mal hemos de estar como sociedad cuando alguien que está haciendo "lo legal" asegura que, por eso, está siendo "considerado" con los demás?
Ayer, al salir del trabajo, me embarqué en un autobús de transporte público junto con un aproximado de 50 personas, si no un poco más. Las ganas de llegar a casa, tomar un baño y cenar con la abuela eran enormes. Discriminar entre una unidad (el bus) u otra por sus condiciones no era opción. Esa que llegó era la mía... y de todo ese gentío.
Como dicen, tuvimos la suerte de irnos en uno de los siempre anhelados buses rojos: aire acondicionado durante todo el trayecto. En medio de los apretones, las pisadas, las peculiares fragancias y los vecinos —que por una extraña razón siempre quieren conversar con uno, aunque uno no quiera—, la gente iba contenta. Y cómo no, si quien conoce el sistema de transporte marabino sabe que está plagado de vehículos 'destartalados' (sí, aprendo mucho de abuela) y que pueden representar hasta un riesgo para la salud física.
Supongo que por la euforia de poder complacer a los pasajeros, al colector se le escapó un sutil comentario. Tan sutil que sólo lo escuchamos dos personas: la muchacha que yo tenía al lado y yo.
—... y agradezcan que somos considerados, porque 800 bolivitas no son nada.Tuve el atrevimiento (o el simple impulso de contestona que me caracteriza) de preguntar: ¿"Considerados"?
—¡Claro! Ahorita cualquiera que pasa por ahí les cobra mil bolos. Si no somos considerados, ¿qué somos, entonces?
—No sé, "correctos", quizá. Pero si está estipulado que ese es el pasaje, hacerlo cumplir no es consideración, es actuar como debe ser.
—No, mija. Nosotros fácil podemos pedir hasta más, pero por consideración es que no lo hacemos.
La discusión continuó por unos segundos más (en buenos términos, porque nadie estaba peleando con nadie), hasta que ambos decidimos dejar el tema. Sin embargo, en mi mente no quedó así.
¿Es realmente 'consideración' hacer las cosas por las vías legales (aunque uso el término 'legal' porque no se me ocurre uno más apropiado)?
Sé que la situación actual no es sencilla —sin extenderme aquí,
porque lloro—, para nadie lo es. El conductor, el cocinero, el maestro, el director, el periodista (pobres), el vigilante, el gerente, el comerciante... Todos tienen sus gastos, todos sufren por el efectivo y todos buscan estirar los pocos ingresos que tengan.Los transportistas no escapan de esa realidad y bien sabemos que repuestos y cauchos son más caros que inserte aquí lo más costoso que haya comprado. Pero también sabemos que no llevan a uno o dos pasajeros por viaje, ¿o sí? Por ejemplo, considerando que éramos aproximadamente esas 51 personas en el viaje, son 40.800 bolívares. No contamos ni la vuelta de regreso ni las personas que se embarcaron en el camino. Un empleado que gane salario mínimo, no devenga esa cantidad por por día.
De alguna manera calculará la institución correspondiente el costo de los pasajes. Si decidieron poner el 'corto' en Bs. 600, el 'largo' en Bs. 1.200 y la tarifa de los buses en Bs. 800, sus análisis habrán hecho —aquí tampoco me extiendo, pero porque no entiendo nada. Prometo buscar a alguien que me explique—. Así que, si eso es lo "legal", ¿está bien dicho el comentario de mi estimado colector?
¿Quién nos hace ver hasta dónde estamos haciendo lo "correcto" y desde dónde estamos siendo "considerados" con los demás? ¿Qué tan cegados podemos estar cuando creemos que por cumplir las normas le estamos haciendo un favor al prójimo? ¿Alguien está sancionado al que no las cumple? ¿Alguien está 'felicitando' al que está siendo considerado con el otro, simplemente cumpliendo las normas?
No sé. Algo de respeto y de sentido común debe ir detrás de todo eso, pero si me orientan un poco y me explican qué está sucediendo, agradeceré su consideración.
Mientras tanto, espero que se me pase la fiebre de origen desconocido. Tal vez es el virus ese que está rondando por ahí (el "chika", como lo llama una compañera porque no se sabe si se parece más al Chicungunya o al Zika), o quizá la angustia de la experiencia de hoy lo que me puso mal.
Esa noche, luego de desahogarme escribiendo todo lo que sucedió, me sentí más confundida aún. Hubo gente que me dijo "pero es que los pasajes están muy baratos, es lógico que quieran cobrar más". Ok, entiendo eso, sobre todo ahora que las cosas son más costosas y los precios no paran de subir incluyendo los pasajes, pero eso es otra historia.
¡El asunto es que yo no estaba quejándome del monto! Mi "reflexión", por sonar interesante, era acerca de la mentalidad de la gente y su visión de hacer las cosas bien y hacer las cosas por ayudar.
Yo creo que el asunto aquí ya quedó claro. Pero para finalizar, voy a citar a una amiga que comentó la publicación con una observación de lo más apropiado:
"En una sociedad anárquica, la gente hace el mínimo necesario de lo que le corresponde, del deber ser, y espera tres estatuas y un> desfile."
P.D.: Lo prometido es deuda, así son... ¡y peor!
Los camiones también se han convertido en el medio de transporte popular de la zona.
... Y hasta en el techo van los pasajeros.