Inevitablemente, la muerte le llegó. Algo repentino e irreparable sucedió y nadie fue consciente de su final.
No hacía mucho tiempo que volaba de un lado a otro, sin más preocupación que la búsqueda de insectos con los que poder alimentarse, su vida era sencilla y al mismo tiempo compleja, este pequeño ser no era menos de lo que ninguno de nosotros somos.
[Foto Propia]
Cuando menos te lo esperas, la vida se acaba y en muy poco tiempo nadie se acordará de tu miserable existencia. Su vida y la tuya es igual de intranscendente para todos los demás seres vivos de la Tierra, tu aporte a la misma es mínimo y tu nombre, es otro nombre más de los millones que han poblado nuestro planeta.
Con su muerte alimentará a otros muchos y ayudará a desarrollar otras formas de vida, todas iguales de insignificantes que la suya.
Nuestro paso por el mundo es breve, e incluso a escala cósmica es totalmente imperceptible, nacemos y morimos a gran velocidad, y la huella que dejamos detrás nuestra es tan liviana que no pasan muchos años hasta que somos totalmente olvidados.
¿Qué nos espera después? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¡Hacia ninguna parte! Por ello, vive cada momento como si fuera el último, dale alegrías a quien quieres, olvida tus rencores y preocupaciones y aprovecha el leve suspiro que es la vida.