De abrazos.
A mi hijo Silvio José, en la distancia.
Cuantas veces mis brazos van por ese vacío
donde no hay cuerpos que palpitan,
que no trasmiten el calor en medio de sudores,
sombras que se mueven entre los recuerdos.
No bastan los sueños,
cuando la realidad se impone,
la lejanía es un brazo que no alcanza,
pero hace visibles esos espacios perdidos,
aunque las voces nos lleguen
en ondas electromagnéticas.
Pero ese susurro que alienta la presencia,
dibuja una geografía de distancias,
difumina la mirada frente a un mapa donde
una casa se silencia durante una comida.
En una mesa donde transita la soledad
y la nostalgia, y las necesidades te dan
ese abrazo que no esperas,
confunden los sueños en una insurrección de pensamientos
desvían el camino de tus luchas.
Sin embargo,
mis brazos buscan en ese universo
los cuerpos necesarios para abrazar el cariño, el amor,
gesto que se quiebra entre las palabras
pero nos permiten la existencia.
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