En el andar, la vida nos ofrece lo necesario,
alforjas que la memoria va llenando desde que la luz
se abre a nuestros ojos y el tiempo cuartea la piel.
Donde sucumbir es una opción valida,
podemos levantarnos y dejar que la mirada
retome el rumbo, escoja el camino.
Enfrentar los filtros del dolor,
allí, en el trapiche de nuestras acciones
destilamos gotas de felicidad.
Sopesamos el gasto de nuestro andar.
Los sueños que se han quedado en las alforjas,
en el derroche de palabras,
los que han devenido en pesadillas e incertidumbres,
aquellos que la desidia ha borrado,
los que exhiben cicatrices por donde aún respiran heridas.
Podemos volver al sendero donde se ramifican los sueños,
hay caminos que se brindan con amplitud.
Te ofrecen un andar lleno de dicha y buenos augurios.
Hay Caminos estrechos donde el esfuerzo es tu compañero.
Va a tu lado ofreciendo oportunidades de triunfo,
dolores y angustia, derroches de tiempo y otros manjares,
donde la esencia de la vida se destila,
muestra el final,
donde podemos volver la mirada,
ver el recorrido, los sueños que hemos luchado.
Las paradas que el camino ha permitido
para librar la batalla por la vida.
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