Hace mucho, pero mucho tiempo, tuve todo lo que cualquier persona desea tener en la vida, una esposa cariñosa, prestigio, riqueza, comodidades, posesiones, viajes, entretenimiento, empresas... hasta donde mi mente recuerda...
Hoy no tengo nada.
Lagunas vienen, lagunas van en mi cabeza, mientras hablo solo de lo que me ocurrió pues soy el único que me acompaña ahora.
De pronto una mañana a la otra todo se fue poniendo turbio en mi vida, recuerdo ese día terrible en el que se me ocurrió bajo el dintel de la puerta, analizar las posesiones y todo lo que tenia, me sentía conforme conmigo mismo, y dije, "lo tengo todo" en voz alta. Parece que el Diablo me escuchó, desde ese día y cual kamikaze la desgracia tocó mi vida, todo se fue en declive.
El dintel maldito, así lo nombré...
Lo primero que perdí fue mi empresa, dos días después del hecho con el dintel, me llaman por teléfono en horas de madrugada para notificarme que mi empresa estaba en llamas, cuando llegué al sitio, solo quedaban las cenizas. La aseguradora no quiso cubrir los daños, se valieron de artimañas para evadir los tratados, después que pagué centavo por centavo el seguro... así que perdí todo allí.
Sin más que hacer, regresé a mi casa, para hablar con mi mujer, replantearnos y ver como familia, la forma de superar esta situación. Al llegar, vi a mi esposa y los niños vestidos junto con un par de maletas y la cara larga.
¿Qué sucede?, ¿por qué justo en este momento?, le pregunté, pero no me respondió, agarró sus maletas, los niños y se marchó.
Me dirigí al cuarto, todo estaba revuelto, no mas como yo lo estaba por dentro, estaba destrozado, busqué culpables, me pregunté mil veces ¿por qué a mí?, no he sido una mala persona.
Perdí mi empresa, ahora mi familia, esto es muy injusto, me tiré en la cama, miré la mesita de noche de mi esposa y encontré una nota, tenía un escrito que decía: perdóname, pero amo a otra persona...
Sentí que morí.
Es verdad que sigo vivo, solo me quedé dormido de tanto que lloré esa noche, pero por dentro, estoy muerto.
Al despertar no quise ni levantarme de la cama, el teléfono celular sonaba sin parar, no quería contestar, pero quien llamaba era bastante insistente, atendí la llamada, eran del banco, el préstamo que había solicitado para ampliar mi negocio, había caducado, iban a proceder a embargar en las próximas 72 horas.
¿Qué clase de maldición es esta?, me dirigí al dintel y lo maldije, di golpes a la pared hasta más no poder, necesitaba drenar tanto dolor.
Al anochecer salí a la calle, destruido, sólo y sin fe, caminé por ahí con una botella de licor que saqué de la casa y fui a parar a una plaza.
Me quedé dormido, embriagado de alcohol y dolor en medio de la plaza, unos malandrines me atacaron y se llevaron mis zapatos.
No le dí importancia, he perdido cosas más valiosas, ya no hay nada que me interese. Entendí que vivía una vida más miserable de la que llevo ahora, vivía en un mundo de mentiras, mi esposa me engañaba con otro, mi empresa se quemó, el banco me embargó, solo quedé yo...
Me tiré al abandono, donde las aves copulan a sus anchas y lanzan su estiércol por doquier, al menos esto es más real.
Me alimento de las sobras que me dan.
No me interesa nadie más.
No necesito nada más.
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