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La primera vez que lo vi, él tenía una pierna enyesada y trataba de alcanzar una bolsa con comida que colgaba de su silla de ruedas, parecía arroz con caraotas; era un festín para las moscas que le rodeaban. El sol le tocaba de frente y él sudaba ráfagas de odio por su rostro. Cada intento de tomar la bolsa le era irremediablemente doloroso así que me acerqué, la tomé de la silla y se la acerqué con mi mano, él me la arrebató con fuerza, mirándome directamente a los ojos.
-¿Qué hiciste ayer? – preguntó-
- Salí y compré algunos libros –contesté-
- Ayer te esperaba hermano; moría de hambre.
- Te ayudo cuando puedo. –le dije
Anoche te vi que guardabas comida en una bolsa –dijo mi madre
Sí, era para el señor de la esquina –respondí
¿El de la farmacia? él no merece ni la vida.
¿Por qué lo dices?
Ese hombre es malísimo, violó a su hija cuando estaba pequeña y en las noches robaba en la calle de arriba, Dios lo está castigando.
Permanecí en silencio. No sabía qué decir ni qué pensar. Estaba totalmente desconcertado, confundido, ¿Quién era yo entonces? ¿Un hombre bueno que ayuda a un hombre malo?
Debe estar en el perrero –pensé- Cuando crucé la calle, noté a lo lejos su silla de ruedas bajo el poste, pero Beto no estaba allí.
- ¿Buscas a Jorge? –preguntó el perrero (fue la primera vez que supe su nombre)
- Si, ¿lo ha visto? – respondí
- Lo siento amigo, hace tres días le dio un infarto y se lo llevaron.
Permanecí en silencio. Algo dentro de mí dolía, miraba su silla de ruedas y su bolsa que danzaba en el aire, me acerqué en silencio tomando de mi bolso la cena y la palpé caliente, la saqué y la coloqué en su silla y me marché.
¿Quién era yo realmente?
https://www.artelista.com/obra/5547457256983714-vagabundo.html
Autor: Daniel Sevalo