La motocicleta avanzaba a través de las calles de Locrian en dirección hacia el norte de la ciudad; allá los edificios eran más altos e imponentes; las calles eran más limpias; las casas contrastaban entre los antiguo y lo moderno. Más zonas verdes se abrían paso; flores azules, lilas, rosadas y blancas eran visibles en mayor cantidad a medida en que se avanzaba a través de las calles. Apenas caía del cielo una delicada película de agua que si la mirabas parecía una delgada gasa cayendo sobre tu cabeza. El enorme rascacielos de Gwynderland estaba cada vez más cerca, tenía la forma de un tronco enorme sin ramificaciones a lados sino más arriba, que en realidad eran unas torres. Landert detuvo la motocicleta en la calle Poe, frente a uno de los restaurantes caros y que recordaba a una catedral en cuanto a diseño e interior. Le ordenó a Kassia que se bajara.
—¡Pero yo quiero ir contigo!—Soltó ella suplicando.
—¡No!—Replicó tajantemente mirándola a los ojos a tráves del casco de visor negro.
—¡Puede ser peligroso, cariño!—Insistió.
—Eso es lo de menos, Kassia; lo siento—dijo y echó a arrancar la moto. Kassia sintió muchísima desesperación, enojo y frustración. Deseaba irse a otro lado y estar sola.
El viaje y la misión de Landert sería mucho más sencillos de esa forma, eso pensaba y eso sentía. Delwerd era la zona rica de la ciudad. Parte del casco antiguo, un área urbana, comercial y empresarial que desde el cielo, las conexiones de las calles como arterias, como de los complejos de apartamentos y de oficinas tenían la forma de un diamante dentro de un hexagrama. Aquí se ubicaban un enorme centro botánico y un sanatorio mental Fausto's Asylum. En el centro, estaban las ruinas de un antiguo coliseo que ahora sólo servía de sitio turístico y como un enorme centro comercial, su gloria había quedado en el pasado. Sin embargo, a Landert le seguía gustando el sitio y de vez en cuando iba a visitarlo; siempre lleno de personas de todas partes de Samour y de otros países; siempre como un puente entre infinidad de lenguajes y de idiomas, son sus tiendas de recuerdos y figuras de plástico de gladiadores con lucecitas, o de espadas de plástico de tamaño a escala y de formas casi reales. Se comercializaban muchos items botánicos; era obligatorio que todos los edificios y complejos en Delwerd tuviera un jardín bien cuidado, y que por supuesto, la gasolina debía ser sin plomo, pero preferiblemente se debían tener autos eléctricos. Landert recordó momentos distantes del pasado en el que tenia otra vida. Sin embargo, cuando comenzó a tener otra todo Delwerd se le hacía un lugar más extraño y añorable en ocasiones.
Sonidos de disparos comenzaban a llegar a su cabeza, luego eran latas y cayendo al suelo.
—No es tan difícil tener buena puntería, verdad, muchacho?—Le decía Alex Silva a Landert cuando su puntería al fin era perfecta y podía tumbar a todas las latas sin fallar ni una sola vez. —Ya puedes ir a cosas mas avanzadas… Digamos que con obstáculos, aunque—Alex se puso su sombrero y miró a Landert—todo eso es una simulación.
—¿Una «simulación»?—Preguntó Landert.
—Claro que sí,en un tiroteo real el pulso te tiembla; la pistola te pesa diez veces más; tu puntería queda afectada como si hubieras tomado un barril de cerveza; los tiros resuenan con muchísima más fuerza—Alex encendía un cigarrillo y lo llevaba hasta su boca.
—Eso ya lo sé. También le he visto el rostro a la muerte—el rostro de Alex no cambiaba con las palabras de Landert. —Recoge las latas y ponlas en su sitio—ordenó y Landert hizo caso. Una vez las latas estaban ordenadas, Alex desenfundó la pistola y al momento de disparar dijo «bang!» cayó una lata, el disparó pasó al lado derecho de Landert; otro «bang» y cayó la lata izquierda; Alex jugó con las pistolas en el aire y las volvió a guardar. El rostro de Landert estaba cubierto de miedo, pero no era terror, sólo estaba asombrado. —Para ser un niño eres uno muy valiente—se acercó y le puso una mano en el cabello. El propio Alex se asombró de lo que acababa de hacer, no fue intencional. Retiró la mano y dijo: —eres muy bueno en el combate a corta distancia, eso es herencia; mejora tu puntería, es lo que necesitas; ahora vete.
Hace tan sólo unos días, los señores de las espinas habían cometido un asalto a un complejo de galpones; ahora, estaban escondidos mientras intentaban vender una buena parte del botín. Sin embargo, aquello no fue tarea fácil; hubo sido un tiroteo, y en el proceso, murieron muchos hombres, y Alex fue herido en el rostro al caer en un zarzal. Sin embargo, se llevaron todo lo que necesitaban. Landert no participó; él no era un señor de las espinas en aquel entonces; sólo era una espina más en una rosa o en un zarzal.
Fuera se encontraba Robbert revisando una computadora portátil. Landert se acercó y lo saludó después de días. Robbert le estrechó la mano y chocaron los puños; tenían su propia forma de saludarse. Ambos tenían 12 años.
—Supe que el golpe fue un excito gracias a tus planes—comentó Landert. Robbert lo miró y dijo:
—En realidad, sólo conseguí información e hice un plano tridimensional de los galpones lo cual es más útil que sólo meterte y ponerte a buscar a lo loco.
—Sin embargo, te han tomado bastante en cuenta; seguro serás un señor de las espinas para mañana.
—No lo sé, Landert—dijo Robbert y entonces hubo silencio. —Creo que para eso tendría que tener más tu estilo, pero realmente prefiero no hacerlo; prefiero utilizar el cerebro, y creo que sería mejor que los señores de las espinas se actualizaran y comenzaran a buscar un nuevo motín.
—¿A qué te refieres? ¿A algo más valioso?
—Precisamente. La información es más valiosa que el dinero, que las joyas y que los recursos.
—Seguramente tienes razón—lo apoyó Landert. —Después de todo, con la información incluso podríamos hacer temblar a la ciudad.—Robbert asintió y siguieron conversando unos minutos hasta que llegaron Glen y Camila, su hermana. Camilla sólo tenía el cabello oscuro de Glen, en cambio, sus rasgos eran muy finos, sus ojos muy grandes y azules, su nariz muy pequeña y sus pómulos eran hermoso y delicados como motas de algodón; su piel pálida y sus ojos eran más imponentes que el carácter tosco y distante de Glen.
—Hola, Camilla, es bueno verte—saludó Landert haciendo un ademán de cortesía. Camilla sonrió y cubrió sus labios. —Buen día, Landert—dijo con un fingido pero convincente acento de Samour. —Eres igual a Laurent de los libros—Landert le sonrió y le beso la mano.
—Escuché que mejoraste tu puntería—Glen interrumpió; el tono de su voz era distante como la voz de un desconocido en la oscuridad. —Me encantaría que pudiéramos medirnos en una competencia de tiros—Landert aceptó su desafío y todos se dirigieron al campo de tiros. Glen ganó por una ventaja considerable; Landert lo tomó a mal pues quería sorprender a Camilla. Realmente hubo dado su mejor esfuerzo. Casi se pelean pero Camilla los detuvo y los tomó de la mano a los dos.
—Por favor, no es cortes de caballeros pelearse—el tono de Camilla era serio. Ambos se tranquilizaron.
—Glen, soy mejor con la espada. ¿Te parece si nos medimos con la esgrima?—Landert lo retó en un tono que sonaba competitivo y amistoso, lo suficientemente convincente para ocultar su enfado. Glen aceptó de buena manera.
El combate estuvo igual de parejo, y eso sólo hacía que los golpes fueran cada vez más rápidos y feroces; era una suerte que fueran espadas de madera, sin embargo, la protección no disminuía del todo el impacto de los golpes. Iban empatados y fue en el último asalto en que Glen atacó con todas sus fuerzas y velocidad a Landert; no obstante, Landert no iba a permitirse perder; Glen era rápido pero podía predecir sus movimientos lo suficiente para marcar una finta y luego una estocada. Así lo hizo y pudo desarmarlo ganando al final tan sólo por un punto. Ambos se quitaron las máscaras y se dieron las manos. Camilla y Robbert salieron a felicitarlos. Tenían un público más amplio con señores de las espinas, y espinas mirando atentamente. Robbert dijo haber visto a Alex aunque no estaba seguro. «La batería de mi portátil se agotó y no pude continuar con mi juego; fue cuando voltee y creí verle. Perdonen, pero es que la esgrima me parece demasiado aburrida». Sea como fuere, la rivalidad entre Landert y Glen se mantuvo inmadura e intensa durante los próximos años hasta que se convirtieron en señores de las espinas. Paulatinamente, Alex fue haciendo caso a Robbert y comenzaron a robar y a traficar con información. Eso significó tener a otra clase de miembros dentro de los señores de las espinas. Unos que pudieran sustraer información, y que estarían bajo las órdenes de Robbert. Así que pronto participarían en el asalto más grande de sus vidas hasta ese entonces.