Mi mamá recordaba no solo con cariño sino también con admiración y respeto a mi abuelo, José Isabel Tovar. En esa época eran muy comunes los nombres dobles para los caballeros en que el segundo fuera femenino. Había "José Isabel", "José María" , "Jesús María". "Carmen" era un nombre que se utilizaba indistintamente para varón o mujer. El nombre de mi abuela era Gumersinda, pero le decían "Doña Gume".
Él era lo que llamaban "un curioso", le llevaban los niños del pueblo aquejados de "mal de ojo", para que los ensalmara. Era fácil reconocer cuando un niño estaba "maldeojado": Se ponía bobo,bobo, evacuaba de color verde y, al colocar la mano sobre su cabeza, se le notaba una especie de leve hundimiento ya que "se le bajaba la mollera". El "ensalme" se le realizaba por tres días consecutivos con oraciones secretas, dichas en apenas un murmullo, y con unos cuantos "ramazos", especie de " latigueo" que se hacía con firme suavidad en el cuerpecito de la criatura para "alejar las malas influencias".
Mi abuelo era devoto de las Ánimas del Purgatorio, a las cuales les encendía siete velas colocadas formando una cruz todos los lunes.
Era recordado el pasaje que se supo de aquel hombre que lo esperó una noche junto al camino por donde obligatoriamente debía pasar al regreso del pueblo donde había ido a hacer unos trámites. Apostado tras un árbol, con su escopeta " terciada" al hombro aguardó lleno de malas intenciones para matarle no más verle, sin embargo, al ver pasar a mi abuelo en medio de un montón de jinetes vestidos de blanco no le quedó otra que desistir de sus propósitos. Según contaba mi mamá, esa noche mi abuelo andaba solo y los escoltas que vio el hombre no fueron otra cosa sino las ánimas en su rol de cuidadoras de su devoto.
Además de los ocho hijos en común, mi abuela Gumersinda ( o Mamagrande, como nos acostumbró a llamarla mi mamá para que "no la pusiéramos vieja diciéndole abuela"), crió a Justina, una niña que había tenido con mi abuelo una de las cocineras de la hacienda. Según mi mamá, las hermanas de él le "metieron a esa cocinera por los ojos" porque no aprobaban su relación con mi abuela. A la final, mis abuelos tuvieron qué ir a casa de la muchacha a buscar a la niña al enterarse de que no era buena madre y la tenía muy descuidada. Mi abuela la crió como a otra hija aunque siempre se notó una cierta preferencia hacia ella a quien tenía muy consentida, creo que la conmovía el hecho de saberla creciendo lejos de su verdadera madre y por ello derrochó en ella ternura y cuidados. Años después, mi tía Justina, ya casada, hablando de mi abuela comentaba cómo era tan delicada con ella que hasta cuando cocinaba garbanzos los suyos los pelaba uno por uno porque a la niña "le fastidiaba la piel de los garbanzos". Y decía: - Mi mamá era una santa... Yo nunca le criaría un hijo a Sojo (Su esposo).
A mi abuelo no lo conocí, falleció en enero de 1949, cuando mi mamá estaba en estado de su segundo hijo, mi hermano Jhonny. . Me hubiera gustado mucho conocerlo. Mi mamá decía que "se veía tan guapo recorriendo la hacienda fuete en mano y con sus altas polainas".
Creo que no les estuvo muy cercano a sus hijos de pequeños, como se acostumbraba en la época... Quizá un poco más de mi tía Ana, a la única que le permitía entrar en el cuartito que dedicaba a "las cosas espirituales" y estar presente durante sus rituales.
Cuando mi abuelo murió, pidió un limón, se limpió muy bien las manos con él,llamó a mi tío Nicolás, el mayor de sus hijos varones y le dijo:
Ese mismo mes murió mi bisabuela Salomé, la mamá de Mamagrande,por eso ella guardó luto toda su vida: por su mamá y por su esposo.
Para esa época ya vivían en Caracas, donde se habían mudado en forma repentina, dejando la hacienda, un día que mi abuelo llegó a casa muy disgustado y le dijo a mi abuela: " "Me vine para no matar a mi compadre. Prepara a los muchachos que nos vamos para Caracas"
Ese "compadre" era el dueño de la hacienda... ¿Qué habría ocurrido para que mi abuelo dijera esto?..No lo se y ¿Cómo averiguarlo después de tanto tiempo? Pero la salida de la hacienda "Las Niñas" fue de esta forma, intempestiva, por caminos y trochas porque aún no existían las carreteras. A pie, a caballo. Mi mamá y mi tía Justina amarradas sobre un caballo, mi abuela con un largo y amplio vestido blanco montada sobre una yegua mañosa que cada vez que "venteaba" un río salía corriendo a revolcarse en sus orillas. Teniendo en cuenta que, según mamá, cruzaron siete pasos de río, es comprensible que la abuela llegara a Caracas con el vestido de todos los colores menos blanco..
NOTA: Esta historia continuará.
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