Desde la ventana veo un búho posado sobre la barandilla justo arriba de la entrada del convento.
Abajo, en el angosto pasillo, los feligreses salen de misa directo a la cafetería. La misa de la seis de la mañana recién acabo.
Pero en esta procesión solo hay ancianos. Los jóvenes ya están trabajando. La lucha encarnizada por lograr un mejor puesto no deja tiempo para la fé.
En la cafetería las paredes desgastadas de ladrillo son testigos de las mismas conversaciones interminables.
Hoy, es un lunes como cualquier otro. Somos actores de un clásico...
Redacción y fotografía