Cuando era niño la vi por primera vez, bueno es imposible ver a otro lado cuando te encuentras de frente con unos ojos tan hermosos, tendría ella alrededor de quince años, creo, yo apenas iba a cumplir los diez pero me sentí atraído a ella como si tuviera yo también quince. Fue apenas un instante. No sé si alguna vez creyeron ver algo y luego de repente se esfumó, bueno pues más o menos así pasaba.
La veía en el supermercado, en la escuela, en las escaleras de la casa de mi abuelita, tan solo un instante y luego desaparecía, pero una noche quedé tan impresionado por su belleza que soñé con ella. En el sueño ya no fue tan escurridiza, se sentó al lado mío sin decir una palabra y me dió un beso en los labios. Fue algo chistoso, era mi primer beso, sus labios eran muy cálidos y tan pequeños que solo los sentí en la punta de los míos, su piel amarilla con manchas anaranjadas era tan suave como la sábana de terciopelo que me había regalado mi tía Gina, pero lo que mas me gustaba de ella eran sus antenas. Tocó con ellas mi frente y me acercó a ella para abrazarla, luego se recostó sobre mí y ambos nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente solo estaba yo envuelto en mi nueva sábana y con una sensación de soledad que nunca antes había sentido. Tenía que encontrarla. Tenía que pedirle que fuera mi novia. La busqué por todas partes donde la había visto antes, pero ya no aparecía. Pasaron unos meses y mi obsesión por ella me convirtió en un niño triste e introvertido, ya no era aquel que trepaba los árboles como ardilla y corría por todas partes imaginando que galopaba sobre un caballo amarillo con la barriga hasta el suelo.
Unos años mas tarde empecé de nuevo a ver extrañas criaturas en las paredes de la Iglesia, luego en el parque, en el camión de la escuela y finalmente en todas partes y a todas horas. Algunas de ellas eran en realidad atemorizantes y otras no tanto, pero en las noches temblaba de miedo pensando que de pronto aparecería una criatura fea enfrente de mí. Entonces me acordé de ella y de repente, escondida entre mis suéteres apareció de nuevo después de tanto tiempo.
-Te acuerdas de mi.-
Me dijo sin parpadear ni un poco.
-Por supuesto, te vez tan hermosa como siempre-
Le dije sin dejar de verla por temor de que desapareciera.
-Me llamo Pareidolia-
-Para… Que?
-No te apures, me puedes llamar Dólia o Delia si lo prefieres-
-Tenía muchas ganas de verte, pero en cambio he estado viendo a muchos monstruos que me están atemorizando-
-Jaja, no temas, no pueden hacerte daño. En cambio tu puedes aprovecharte de esa habilidad de verlos y de paso les perderás el miedo-
-Cómo?-
-Dibújalos, veras que pronto los verás como verdaderos amigos-
-Nunca se me hubiera ocurrido. Oye quería pedirte que fueras mi novia-
-Está bien, pero tienes que ganarme en un duelo-
-Qué?-
-Sí, pero es solo un juego. Mira usaremos estas armas que disparan mermelada de mora-
-Bueno, está bien- le dije
Lo siguiente que recuerdo es que estaba ella parada de espalda a la mar, a un lado de un árbol de bananos con las manos listas para disparar…
Historia corta y pintura