Inocencia,
que lleno mi corazón de clemencia
equivocada.
Yo no tenía nada,
y aún así lloraba
por el que no comía.
Víctima,
de aquella paternidad descuidada
y frío intenso
que hacía temblar mi corazón de niño.
No conocí el cariño de un abuelo
y lejos murió el anhelo
de un juguete nuevo.
No conocí la seguridad tan buscada
de un plato de frijoles en la mesa
si no hasta el día que ví llegar
a un angel del cielo...
Poesía y fotografía
@saulos