A veces la depresión nos hace enfocarnos en lo negativo, alejándonos de la oportunidad de observar. A veces el exceso de trabajo nos abruma de tal forma que sólo buscamos la oportunidad de descansar, de olvidar los problemas.
En mi caso, escribo historias. Creo mundos imaginarios donde las cosas no son tan aburridas, donde siempre hay algo que esperar, algo que pueda cambiar la trama, sacando al protagonista de su letargo. Así es que este protagonista no puede hacer otra cosa más que esperar. Pero resulta que en la vida, no hay más escritor que nosotros mismos, solo hace falta tomar la pluma de nuestras decisiones y pintar con la pintura de las circunstancias.
Fotografía y redacción